24.3.07

La nada

(Publicado en 2003 por Selecciones de Amadeo Mandarino)

I
1-¡Oh espíritus o ángeles caídos!

Mientras golpeaba la lluvia sobre los búnkers, Marisa,
yo no pensaba en vos ni en los chicos. La verdad,
tampoco pensaba si los rayos de aquel enemigo omnipresente
me alcanzarían esa noche o la noche siguiente o cuándo.
No pensaba en ustedes ni en mí, aunque puedas considerar
una forma de egoísmo que pasara las horas deslumbrado
por este fenómeno: los rayos, cuando atravesaban el cielo
o caían sobre un edificio cercano y lo reducían a ceniza,
iluminaban el paisaje con una claridad activa,
como la que pocas veces se vislumbra en el fondo
de un pensamiento; como la calidad del pensamiento
cuando contiene la verdad desnuda y parpadeante.


2-Diario

No tengo chance de convertirme en veterano de guerra.
No daré vueltas con dos perros y mi capote por el parque:
“Allá va aquél, el de las heridas, su cabeza una calabaza
en la que suenan los silbidos agudos de los rayos gamma.
Ahora tiene una antigua casa sobre el acantilado,
le gusta la madera vieja y las cañerías que resuenan.”
El paseo por el parque termina en el bar, toma
una grapa y lee la National Geographic,
los perros echados debajo de la mesa.

Nada de eso. La lucha no tendrá retorno.
No nos esperan la muerte de lustrosos bronces,
el panteón o la dulce vejez que reencanta el mundo.
Los ojos echan raíces y el aliento mecánico no falla.


3-Leyenda

Por la tarde, se tiran de espaldas sobre la tierra
suturada por vetas de titanio
y miran el cielo amarillo o violeta
sobre el que vuelan pelícanos y flamencos.
Las lagunas están repletas de líquidos pesados;
más allá, las chapas de los viveros se oxidan,
caídas unas sobre otras
como un mazo de barajas desordenado.
Es posible que la piedra del poder esté en la cabeza
de uno de ellos, pero han pasado la vida ignorándolo.
Por la noche, AZ14 sueña que desciende el ángel
y le dice: “El paladín duerme cerca
y despierta con el vientre hinchado;
oís sus pedos en el pastizal cuando evacua,
pero sería inútil que se lo dijeras; éste es el designio.
Intrincada red los puso en contacto con la divinidad.
Fueron dioses, y cuando ha llegado la Guerra del Libro
piensan en la vida del próximo segundo
e interrogan la oquedad del cielo.”


4-Fragmento de un evangelio

Y dijo:
Bienaventurados los que viven
en escenarios convencionales.
Los que miden sus vidas
con patrones convencionales:
dinero, éxito, frustraciones.

Dijo:
Los que llevan el sello en la frente
serán perseguidos por la desdicha,
antes que la paz conocerán el pánico.

Dijo:
Porque las simas de dios son del diablo
y las simas de dios son el desierto
y las pústulas
y la misericordia no se alcanza
si no se conoció el castigo.

Dijo:
Bienaventurados los que desconocen.
Los que no distinguen la buena pintura,
los que encuadran correctamente la vida
según mínimos patrones,
porque ellos tendrán el cielo
con relativa facilidad.

Dijo:
Desdichados los que Él selló,
los imperfectos, los justos,
porque el vacío se agitará en ellos
como sudoroso miasma
y no serán tenidos como ejemplos
si no que fueron elegidos
para que Él pruebe sus misteriosas armas
ante la general indiferencia.


5-Diario

No me ha dotado de paz la certeza
de que ni la guerra es un fin. Mientras
el carbono hace estragos en la planicie
he descubierto la ceguera no es virtud,
la lucidez produce ruidos como un motor ahogado
y las dulces lluvias celestes y las oriflamas
apenas confieren a este combate una estética publicitaria.


6-Diario

¿Por qué el ardor, la irritación, si el perfecto vacío,
la falta de meta, el no sentido, la exclusión del deber
son esta batalla que en verdad es lo que no es?
Aferrado a la furia, sin regreso, el malestar sombrío
da a los actos una resonancia hueca
que oigo en la noche como una destartalada alarma.
Combato aún por lo que de rabia tenía existir
en las calles ligeramente nubladas;
animal de matadero que admiraba el costado
desconchado de las cosas:
la ignorada geografía de edificios hacía su edén.


7-Entrada a Jerusalén

Se pide precaución en el acceso oeste:
hay demoras originadas en un accidente.
En el acceso norte hay demoras de hasta quince minutos.
Es normal el tránsito por el puente sur.
No hay novedades al este.


8-Tregua

El capitán duerme en la juguetería.
El samurai se acurruca tomado al sable
bajo el cartel del drugstore.
Las revistas de historietas
y el traqueteo de un ventilador
inspiran a la tropa: hay señales
de un universo no resuelto
en las viejas viñetas;
un mensaje milenario en las aspas.


9-Fragmento de un evangelio

Y dijo: la voz de Odín es la voz de los Campos,
de la disciplina y del peligro, y la voz
de los campamentos, del coraje y del agravio,
la voz del perdón en la masacre.
La voz de los designios, de las toberas y de los osarios.
De las ablaciones y de los residuos atómicos.
De los hijos y de las menstruaciones.
De las estadísticas y de los reactivos.
De los pájaros y de los basurales.
La voz de Odín es la voz de los iguales.

Y dijo: no lo oirás mientras no llegues
donde tu pensamiento llegue.

Y dijo: porque eres de Caín, tanto
o más que de Abel.
De los entuertos y del orgullo.
Y dijo: eres el lisiado,
el que todo lo hizo.
Y dijo: nada, más allá de tus gestos
torpes y salvajes.
Dijo: el último, el enemigo del tacto.
Hombre sin hombre, sin medida.


10-Guggenheim Bilbao

El verbo lo hizo. Las calles sin salida del verbo.
Optamos por la prosa y descubrimos tardíamente la poesía.
De este modo, cuando la civilización quedó vacía,
con las formas que la sonora cabeza acumulaba
un monstruo amable e indolente armamos en el ocaso.
Pero no hay allí imaginación, sino ausencia;
"y la historia podrá compadecerse del vencido,
pero no darle ayuda ni perdón" (W. H. Auden.)


11-Carteles en una estación de subte

¿Cuántos no habrán pensado
que el despiadado glamour
era el último escalón hacia el Walhalla?
Perfeccionado el torno,
iluminada la historia
por fascículos ilustrados,
acercado el horror hasta poseerlo,
y violados todo por el ángel;
saqueados los paisajes,
estilizados el ocio y el odio,
seguros, en fin, de que marchaban
a favor de la realidad,
de la nada a la nada,
creando por azar,
planificando por placer,
invocando el edénico sin sentido,
hundido hasta la tierra el cráneo de Abel;
liberados de la culpa y del demonio,
con carreritas de lagartijas y vuelos de moscardones;
llamando un taxi con un chistido
para volver a casa con gotas de sexo y ambrosía;
el trámite rápido, el descanso en el aire refrigerado.


12-Fiesta de Navidad en el Ritz, Washington DC

A tu abuelo el frío le penetró entre los tejidos
corporales hasta grabar marcas en sus huesos.
Tu abuelo tenía huesos de estalactita.
Volvés a casa en Rolls, de manera
que no debe preocuparte el frío.
Tus zapatos son de gamuza,
estás suavemente peinado,
y es de seda tu camisa verde agua.


13-Cuerpos de elite

No previeron la vuelta completa del sentido:
que quienes lloraran lo hicieran por ocio;
que en el ápice de la defensa estuviera el desprecio;
que a la incorrección siguieran antífonas y plegarias;
que el regreso al hogar fuera del asesino;
que el corazón se consumiera en pensamiento;
que la renunciación desatara la rapiña.


14-Darwin Memorial

Ponte el traje inglés y ve a caminar entre las piedras.
Admira el crepúsculo sobre los cuidados jardines y las colinas.
Algo, una armonía de muerte y vida, habla entre las nubes
segadas como dorado trigo; entre la melancolía suave
un rechinar de lo encontrado, no encontrado, resiste.

La violencia del pantano,
la lucha sin principios, excepto el de la vida ciega
contra la vida ciega; la comadreja que atrapa al colibrí,
el feto del gato rodando por la corriente, la zarpa
derribando la gacela, el gusano trepando el nido,
opuestos a un candor de primeros y caídos imperios,
leyes o plan maestro que con desvergüenza encomiable bate,
suave, armonioso, como campanas.


15-Las casas de los viejos

Con una experiencia insuficiente, tras los breñales,
el obsesivo paso de quienes han hecho de la marcha el limbo.
Sobre las casas, otrora fuente o refugio
vuelan bigúaes de grandes alas, tal vez desconcertados.
La línea de la vida abyecta quebrada por el aleteo,
las distantes formas idas del nido y ahora vueltas
en una especie de grandor ausente, de átona resonancia,
de obsesivo repliegue hacia esas palpitaciones negadas,
durante años escuchadas con prudente ignorancia,
como quien espanta moscas con gesto de “ya he oído”,
disimulo ante la privada guerra robótica.


16-Bardo

Qué cayó sobre mí,
qué engavilanó mi espada,
qué especie de estupor cambió mi suerte
escrita en la corteza de anchos robles,
dicha en las rocas y dicha en la tormenta
que anunció la muerte.

Ya no soy de mí, no soy de nada,
vacíos el morral y la contienda
vuelvo al combate con la frente alada
sin jadeo ni aire ni guay ni recompensa.
Alguien ha de saberlo, alguien muere aún,
alguien trabaja el criadero y la argamasa,
alguien se detiene y ve en las herramientas
un desangelado ciclo de amenazas.


17-Plegaria

Resti l'Italia a me, o el pastizal pampeano,
la brizna, el zorro, el tegumento;
la sombra del arbusto, la arcada submarina,
el temor ante las obras del ingenio.
Ahora lo ven, bajo la cohetería,
el paisaje tejido en otros tonos.
Aleja de mí esta copa, Padre, si es posible;
aturdido, a mi modo, he amado
las incomprensibles puertas de tu estancia;
la clave errante, la apariencia,
la ruda obra en que ofreciste
completar nosotros tu universo.
Caigan la tórtola, el volcán;
caigan los muros y las máquinas,
la adoración de Pan,
las loas, los libros y el mercado,
la blanca potestad del sabio.
Deja aún en nuestras manos redimir la hierba,
el cosmos de una gota, el recorte de mundo
en la ventana de la oscura mazmorra.
Deja zarpar el mínimo trirreme,
sea de nuevo Ulises en un charco,
gotoso, cauto, por las cloacas
del vacío edificio y por los barcos.


18-Inmortales

Zhongli Quan, ermitaño con abanico de plumas;
Zhangguo Lao, anciano montado en un burro blanco;
Lu Dongbin, guerrero con espada;
Cao Guojiu, cortesano con una tabla de escritura;
Li Tieguai, lisiado con medicina de calabaza;
Han Xiangzi, jardinero con su cesta de flores;
Lan Caihe, hermafrodita que tañe el laúd,
y He Xiangu, mujer que sostiene la flor de loto.
¿Procede de aquel abanico el viento entre las palmas?
¿Su música es la de Lan, y la lluvia y su luz el cabello de He?


19-El lugar de los hechos

Gases sobre los pantanos y las viñas.
El laúd tañe en tu mente los amores del Cisne.
La memoria taladra el escenario
en que te recostás como en un lecho neutro.
Rayos atraviesan el techo
y los cristalizados restos humanos.
Invade tu atonía el circo de espectros
de los grandes divos de la historia.
La respiración y cada quejido
elevados a cimas de la clase extinta.
De todo hicieron caldo de trascendencia.
Allí navegaron opresores y oprimidos
persiguiéndose como las gaviotas
sobre las olas tardías:
dame de tu pico, gavilán,
la papilla de las grandes odas
y de los imponentes arquitrabes;
dame en el buche
la redención de mis parvas visiones
motivadas por el sexo intranquilo,
las noches de Cuaresma;
dame la hostia de los grandes partos,
la sensación de que mi mesa, sifón y un vaso,
es tan vasta como el concierto de formas
y escorzos de los dioses.
De este modo sos de ellos.
La inmersión en vacío no te libra de los arreboles
en que se glorificaron, vacuos.
Esto hecho para mortificar tu sueño,
tu olvido, tu magnífica síncopa.


20-Edad de los imperios

Ahí están: Atila o Saladino sobre el horizonte
con sus turbulentas tropas.
Sioux o sarracenos, beduinos o vikingos en trance,
ingleses tumefactos, turcos con cañones de mano,
damas sin pechos, con arcos de piel y de ónice.
La tierra no les habla, pero son de sus garras.
La sapiencia del coral, el órgano de la madera,
los timbales del frío, la vivificante altura,
la nieve sobre los aleros, el mensaje de los gallináceos,
la red del carbono, la razonada caída de las hojas,
el estupor del barro seco, el límite visual de la rana,
el amor de la araña, el trémolo de las cañas,
la carne fresca, palos en los arrozales,
carteles y señales tocadas por el clima,
el camino a Damasco,
la decepción horrenda del glaciar, las telas de China,
el duende de las cerraduras, el gato en el toronjal,
la crisis de la canaleta, el filo del ágata,
Hiprocrene, el hada, la cornamenta amarilla:
nada, ni la hierba cantará como cantó en sus tronos
para oídos que creyeron oír, para almas que vivieron
elevando la voz, esculpiendo contra la circunstancia del mal dormir,
del orgullo, del otro, sus figuras de estrépito.


21-Mente de las cosas

Nos hemos detenido. La fuente es la tranquilidad del ego.
El murciélago cruza el cielo de cuerdas. Llama desde la taiga
el dueño de las notas. Golpean las gotas en una insondable
profundidad. Hombres, ¿para qué? Y el recuerdo, y las bagatelas
que lleváis en los bolsillos y en el entrecejo. Os he visto,
rumbosos o desposeídos; lejanos, pequeños en el inmenso
pantano o bordeando la inundación. O descubriendo el Punjab
o el Pacífico, atontados, sin calma ni entusiasmo, así como
el sabio observa su cuerpo como accidental y encuentra que resiste.


22-Señales del tránsito

Legue mi campo al hombre de valor,
legue mi agua a la mujer de acción.
Yo tomo el espíritu mundial y suave,
el subsuelo de la melodía y difícilmente
algo de eso me sirva en las otras rosadas
o grises tierras a las que pasaré mañana.
¿Cómo imaginan el Hades? ¿No como
una costa de severas murallas y pardos
senderos y de despoblados árboles
y esqueletos de abadías y cuarteles?
Todo invadido por el helecho y el musgo
y sin voces, himnos mucho menos.


23-Bahía de los Monos

Paciendo en el grimorio, dando tumbos sobre el duelo,
darse a la música de los refrigerios, al llameante egoísmo,
seguros de que la casualidad hará el resto, dúctiles
a la circunstancia, hombres de rápidos abrigos,
gesto de confianza, tap tap de zapatos en el corredor,
cima de la eficiencia y olvido de la ergástula,
andaluces de la necesidad, figuras de cerebro,
generales de los ascensores, estrategas de mano
lavados y de exactas palabras, el ribete a la vista;
las anotaciones rápidas sustituyendo el plinto,
la respiración pausada en lugar del ultimátum.



II

“De hecho, solo como espíritus pueden cruzar; esto es recorrer
a salvo el paso peligroso, el umbral de las Nubes Estrepitosas... Que
en la actualidad ese extraordinario paso simbólico se encontrara
localizado a unos cuantos metros de una carretera densamente
transitada, en las afueras de la ciudad de Zacatecas, era algo
que no parecía importar gran cosa a los huicholes...”


Peter T. Furst, Alucinógenos y cultura


1-Lux aeterna

Si es de formas transitorias el espíritu, y si del halcón
debiéramos copiar el modo en que, por ejemplo,
se hunde ahora en el ciclo de las tempestades, blanco
plumaje cambiando a ocre, a pardo, a gris, a solferino,
la vista apartemos de la plana roca, del mellado brocal,
de la senda calcinada, del cielo, que es uno y trino,
dobleces que se revelan en corto tiempo, y del abismo
que no cede, del cuerpo cuyo filamento en la noche
incendia el pensamiento hasta la luz incandescente.
¿Qué? ¿Vamos a tientas? ¿No suena a nada el muerto?
No esperen saber. La razón acaba en cada uno. Y no
avanza de uno en otro, sino que reinicia su sistema
al alba, merma al anochecer, se extingue y, en la oscura
madrugada, recompone su cristal ante el insomne.


2-Armas livianas

El Gran Géiser,
fiordos y glaciares; aguas sulfurosas,
ríos blanquecinos, arena gris, carnero ahumado,
dulces sopas.
Edén de las falanges cuando han penetrado su idea,
y con maquinaria de guerra llegado
hasta el portal de su deseo.
De modo que dejar el carmesí de la propia tierra,
el hacha y el ganado, calzar la sandalia,
los arneses, elevar al viento el pulgar,
partir en violación del sistema campestre,
desafiar el estatuto maternal,
llevarse el rocío en el fiero rostro como culpa tenue;
olvidar,
hacer de sí la guerra impersonal,
no tiene otro destino
que descubrir al pie de la parábola
el revés del mismo rostro tallado con cuchillo.


3-Reyes 22.15

De modo que jamás la redención;
ni siquiera en las rosadas columnas que no hacen al asunto;
ni en el vitral que amenaza estallar en lluvia verde o bermellón
y que, considerado al paso, no jugaba papel alguno en la historia.
Llevado de un punto al otro el hilo y sin error; trabajado
el descanso, absorta la mirada en la nuca del líder;
fregándonos las piernas en la noche y calentando armas
en la mañana; hirviendo pez con el ojo en el clima;
calculado el gasto y tendida la estrategia, la suma es nada.
Hemos oído en el pescante la voz de Krishna; ¿aún así,
decís, debemos consolarnos con el viento que sople
sobre la carnicería, con un mugido lejano o un imprevisto tulipán
o con cualquier otro componente de la escena que tomemos
como indicio de que habrá otro escalón, falso probablemente,
el que alimentará la ansiedad que aventará nuestro carbón en las cocinas?


4-Salmo 105.42

Como si en realidad el objeto fuera la desordenada huida
por las lomas, la capa flotante del vencido o el caos
devenido del saqueo y de la obra de la artillería.
Como si sólo debiéramos considerarnos catalizadores
de una imagen móvil hecha de rostros y mobiliario en la calle,
un candelabro junto a una piel de cordero,
un portarretratos sobre el alféizar, trípodes y flores secas,
cuerdas de piano y frascos con huesillos, láminas escolares
tiradas sobre el barro, arco iris en el combustible derramado,
la máscara de Baco en un ropero.



5-Atardecer en los galpones

Hasta aquí he cultivado tu cruda atmósfera,
llegado a preguntarme si fue simulacro tu aspereza,
los indicios que arrojabas desde los zanjones.
¡Ah Odín a quien sus hombres tuteaban!
¡Tú, al que llamaban con dureza como a uno de los suyos!
Escondido en los bosques o entre perfiles de hierro,
y allí donde la exudación de los motores ha oscurecido las paredes,
es la hora del encuentro con el Corte; la clave ambicionada
que procuré en años de estupor rodará ahora o nunca.
El hacha en alto, la carne flácida tensada una vez más, el arco
de las vísceras exigido, la mirada en el cuerpo que decae
y en todo objeto, en cualquier señal en el desierto de las cosas.


6-Catilinaria del pastor

Parado en lo alto de la escalera como en la proa de un barco.
mientras golpea alrededor el corazón de la tormenta.
¿Cuántas veces has repetido tu signo?
¿Cuántas has hablado de nosotros en esta forma
que se expande sin cesar y a la que no mellan las quejas
por el mal tiempo y por el extraño damero
en que decidís la suerte del reposo, si entre eucaliptos, si tirado
frente al televisor captando las muecas de un ajeno y resonante piélago?
¡Ay de nosotros, de la banalidad que domestica el profundo círculo!
No pasaremos. De este lado, nuestros huesos yacerán inútiles y ciegos,
cenizas de las guerras del diablo que ha dicho: éste es tu infierno:
la mente que ha destruido cuanta señal le fue dada; reducido el aire
a gasto cotidiano; convertido el fuego en mascota; roído el sentido
puesto que era lejano, del modo en que lo son truenos cuando evocan
la erupción monótona de la artillería; voces en pliegues de la conciencia
custodiados por arañas, sellados por la rebelión bastarda del mediocre.


7-Amazing grace

Devastando el mismo leño,
la mirada despojada de reflexión.
Incubadora helada el día, abierta la noche
con insistencia monótona.
La sábana, los mecanismos todos
en una vigilia cuyo propósito desconocen.
Arréglate con tu porción de calor sobre la roca.
Estás con tu calor sobre la roca bajo adverso clima.
Alimenta tu calor sobre la roca con hierba seca
y deposiciones de pájaros.
Mantén tu calor. Esto es cuanto puedes y debes saber.


8-El rigor del paisaje

Enorme lo que dejan los campamentos al retirarse.
Ampollas y ampolletas, crujías y flautas, relojes y papel.
Mira a ver si por el fondo los contrabandistas pasan
como sombras contra los vidrios de aquella glorieta.
Uno entre todos, con toses y caries, zapatillas viejas
y nariz de tordo, ha de tener el designio grabado en
pensamientos que de noche lo desvelan sin motivo.
Es la esperanza, amigos, la esperanza; debe de haber
un trono resplandeciente en las combinatorias
de imágenes de uno, cualquiera, visto al pasar;
entre aquellos de quienes se diría carecen de intuición
y nada, o poco, perturba su idea inamovible del cubo.


9-Estigma del ángel bienpensante

Hacía ruin el motivo de las planificadas hecatombes:
latido de imbécil juventud enmascarada en una frutera.
Hacía ruin el nombre de los insignes, de los castos
cuya espada llevaba la idea expuesta en sus límites;
ruin a los que ante Atenas, con carros y bulldozers,
adoraron el espíritu, la gracia cuyas puertas son dos:
ruin, al que vivía en los vastos deltas del terror
y en la roca altiva y rectilínea, ojos en los que
titilaban las antiguas invasiones y barría el simún:
ruin al soldado de amianto y porcelana;
ruin al que había aprendido de sus manos tiznadas
en los vivaques y no en el libro de las sombras;
ruin al que ante Platón expuso el bosque y la planicie;
ruin al que estuvo ungido en los restallantes abismos;
ruin al vencedor del leño y del camastro, al que
desarticulara la trampa del hogar y la acumulación:
ruin al que vio en el foro un gallinero y en el ágora
una reunión de loros; al que amamantó al halcón,
al que llevó los atavíos del reptil, al que se cubrió
de costras de sangre y enarboló la lanza como un nombre.


10-Muerte del César

Esto es por aquello. Y tal vez por aquello silba todavía
entre las tuberías del subsuelo una tempestad difusa.
Sacaron de la historia no al pastor, sino al suicida.
Libraron a su suerte y al pago de su deuda al que saludó
la liberadora furia del maremoto y la del insecto en la ciénaga.
Ahora solo encuentran revelaciones en las noticias
y en las raras sugerencias del vendedor de usados.
Caín, Julio César, Dionisio, Marte, el laurel, el hacha
viven en ese margen donde el crimen se acepta como
una patología del espíritu; la reivindicación altiva del uno
como malsana temperatura de los yerros de la civis.
Dispuesta está la civilización, como un plato.
Pueden gozarla o maldecirla, a condición del olvido
de los amaneceres trágicos, del cuero de las armaduras
y de la promesa junto al cadáver del hijo.
A condición de la memoria borrada en toda su extensión,
de la masiva ignorancia de la piedra, el terrón o la capa
que hubiesen defendido como a un reino,
como a la totalidad de las ideas,
como a la enciclopedia en cuyos múltiples signos
se mueve, sutil, nunca del todo visible, azul o sombría,
como la voz de un órgano o el canto de los galeotes,
la vasta comarca de la verdad, sus cruces de caminos,
con los enmascarados que son siempre otros y los mismos,
cuyos ojos brillan como carbones y cuyos pechos
no temen la muerte: son la muerte y el tránsito;
el vado y la corriente; la peste y las víctimas;
la verdad y su torva capucha. Aquellos que se llevaron
lo que quedaba por decir, lo que obliga a callar,
a aceptar como castrados la alegría de la piel y del oro.


11-Lucas 22.53

Ha ido a caminar con los suyos. Con el cuervo gitano
y con la gorda avutarda; con el congrio y el crédulo
y con el taimado, el asesino y el zorro; con los guardias
nocturnos, con los feroces gnomos, con las mujeres
de axilas sudadas, con el vulgar estafador, con el reno.
En cada dintel de la parva civilización clavó su señal,
y en quiénes lo invocan brilla un momento la moneda delusiva,
la conmiseración por el infortunio propio que alza un remedo
de pasión de mártir sobre el fracaso de un intento espurio.
Degeneración del deseo en cálida covacha; en carne y jugo.
Caída ante el irresistible par de los contrarios; Dioscuros
que atraviesan la mente de los súbditos haciéndoles desear
la mullida esclavitud y arrancan gritos de la mínima llaga.
Con el manto de nada, sobre el agua, sobre la línea de resistencia.
sobre el polvo, el desierto o el humo, el horizonte blanco,
camina sin sombra, con ejércitos de rumiantes quijadas,
con batallones de ciegos que miran hacia el monte
al que subirá para decir: “Hay otro, más allá; y luego otro y otro;
la obra no acabará, la obra no termina; cese el ruido, la alabanza”.


12-Roman speaker

Lo encontrarías en el huerto y le preguntarías por tus denarios.
Con voz contrita lo interrogarías por el devenir del hogar, la
suerte de los críos, el pretor y el edil, la leche de cabra y el sofisma.
¡Ah, miserable que agudiza el aura de la nada! Lo colgamos
a tu vista porque no lo mereces. El vértigo, no la futilidad,
es lo que no resistes. Retrocedes ante el arroyo y el cañón,
temes el papel que se alza en el viento
porque allí puede estar escrita tu sentencia.
Has levantado templos, minaretes, oráculos y criptas
para olvidar la creación, no para atravesarla con santo estoicismo.
¿Para qué las Galias? ¿Para mejorar los abastecimientos?
¿Para qué Bizancio o la corona del germano?
Te espanta el oscuro fogón, el silencio de la vajilla,
el manto del héroe si no está sembrado de migajas;
temes la escasez de aceite como a un abismo.


13-Roman speaker

Bien, frente al mar, mirando las chozas, alzando el palo recio
con que partirías la frente de un buey, por un solo instante
comprendiste el hormigueo del volcán. Es todo, todo, nada
más que eso, lo que la vida te ofrece para que calle en tu tumba.


14-Coda

Otra vez el rayo. Otra vez el roble hendido.
El fuego que desciende desde el cielo.
El vómito. Los muertos calcinados.
Tejes, madre, allá; tejes lejana y silenciosa.
Tejes calceta de rayos triunfales para mis pupilas.
Tejes el descanso en la flor de la tormenta.
Sobre el mundo se apagan y se levantan satrapías.
Para que tejas, sólo para que tejas, mientras aguardas,
vacía de milagro y de ansia, de labor y pregunta.
Para que tejas.

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