17.3.15

De "Libro del engaño y del desengaño", 10

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(Otra “Demanda contra el olvido”)

Recuerde al alma.
¿Cómo, qué, recuerde?
Recuerde el alma los consagrados machetes
los golpes de azar, los golpes malogrados,
recuerde cuando era pobre y creyente
y no mejorado y difícil de timar.
Recuerde, recuerde, recuerde,
los famosos cadáveres, recuerde.
No condene ni juzgue, recuerde.
Recuerde, niéguese a este claro vidrio,
niéguese a esta distancia no crepuscular.
Recuerde la exacción del tiempo,
recuerde la voz monótona del Partido,
recuerde a los parados sobre las mesas,
el balcón recuerde, el juego con la multitud,
la política de acción, la seguridad absoluta,
la generación espontánea de la revolución.
Recuerde: cuando empezamos
Pier Paolo ya había enterrado a Gramsci, al partido y al siglo.
Recuerde que fuimos más, urbanos y campesinos.
La patria recuerde.
Recuerde el candor del crimen.
Recuerde la palabra acción qué sonido lúgubre
Recuerde la palabra política, qué sonido de ábaco.
Recuerde qué instituciones mórbidas.
Recuerde la violencia que engendra.
Recuerde las cadenas. Recuerde, en fin, las travesías
por las pampas. -¿Habría allí lugar al polvo de montoneras?
 -Usted vio trigo y carreteras.
En la gótica ciudad recuerde el café.
Recuerde cómo ennegrecían las fachadas.
Recuerde que nada era la rabia sin el método
y el método sin rabia. Recuerde lo entumecido.

Recuerde el color biliar del Centro.
Recuerde los bandos. Recuerde las marchas.
Recuerde las palmeras y el ulular de sirenas.
Recuerde el son militar que no era ya de guerra.
Recuerde cómo combatimos el atraso con barbarie.
Recuerde esa guerra criminal. Recuerde la carne.
Recuerde la iluminación en la ceguera
y la ceguera en la iluminación.
Recuerde el esqueleto de la república feudal.
Recuerde los costurones de la república popular.
Recuerde la gestión sin intermediación.
Recuerde el triste olor de los laureles sin olor.
Y recuerde el sabor del laurel.
Ciudad sin eternidad. Ciudad sin irrealidad.
Ciudad con memoria de la achura y no del caldo.
Recuerde en la ciudad que no podría nada recordar.
Recuerde a Donato, a Salvador y a las cocinas.
Recuerde las nubes bajas. Recuerde la casa de enfrente.
Avive el seso y despierte.
Contemplando.
Cómo sucede la muerte,
cómo rodea la vida,
tan callando.
Pues le buscarán el costillar
y las fajinas.
Y le pedirán que hable, y aun llorando.

De Libro del engaño y del desengaño, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011

1 comentario:

Ana dijo...

Hay una novela de Marguerite Duras titulada "Un dique contra el Pacífico", homenaje tributado a su madre que se ofende con ella.La madre -el dique en cuestión- no ha comprendido nada y la hija se retrae en la angustia y dispersa en la errancia.Su poema, éste a otros sumado,es un dique contra el océano de malentendidos y dialectos distintos pero no inconciliables que es la patria (o matria). Hermoso.