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Comentario / La marea de las cosas

Daniel Freidemberg -Ediciones del Dock, 1999 - Clarín, Cultura y Nación, 13 de febrero de 2000 - Basura, desechos, carreteras, monobloques, óxido. Un poco como si estuviéramos ante una versión argentina de “La tierra baldía”, de T.S. Eliot, el desarticulado mundo que “La línea del coyote”, de Jorge Aulicino, pone a la vista está sembrado de ruinas y formas enigmáticas. Formas oscilantes entre la materialidad absoluta y la desencantada abstracción, ambas rebeldes por igual a la sed de un contacto personal entre una subjetividad desvelada y las cosas. Pero, a la vez, por eso, formas paradójicamente reveladoras: de lo que las cosas hablan es de su propia ajenidad, de su misterio, de los imprevisibles rumbos que el encuentro con lo concreto puede abrir al conocimiento. También, como con el poema de T.S. Eliot, es muy probable que en ese paisaje el lector reconozca un momento histórico, a través de la diversidad de registros propia de quien descubrió que no existe un lugar ni un lenguaj...

Comentario / El corazón, la palabra lavada

Pablo E. Chacón -  Ñ - 20 de noviembre de 2004. Hay en la última colección de poemas de Jorge Aulicino un efecto que se sustrae inevitablemente a su persona. Sucede desde el principio, desde el primer verso: “No contabas los muertos entre aquellos cuyos perfiles de tormenta daban siempre el par”. Es una voz hipnótica, repetitiva, que va de la primera a la tercera persona o se ausenta, presente en síncopa de fin del mundo. Es una cuestión de silencios más que de palabras, la conciencia de una respiración sin sujeto. El poema despoja el momento, lo reduce a cosas que naturalmente es imposible percibir; redondea en forma de contrapeso una calma en completa inmovilidad, cada vector de fuerza se equilibra con otro, compone una pausa en la agitación de las identidades inquietas. Esto, por fuera de los contenidos. La tendencia acaso es notoria desde "La línea del coyote" y "La luz checoslovaca". Se repite en esos libros y en éste una suerte de tesis: la vida es demasiado c...

Hostias

(Texto completo. Publicado en 2004 por Ediciones del Dock ) 1 - Dies irae Pídeme, y te daré por heredad las naciones, y por posesión tuya los confines de la tierra. Tú los quebrantarás con vara de hierro; como a vasija de alfarero los desmenuzarás . Salmos, 2 Berserkers No contabas los muertos entre aquellos cuyos perfiles de tormenta daban siempre el par. Pero de esas batallas y de aquellos inmortales no quedan, en esta luz de cobre de tardes argentinas, más que polvorientos reflejos. Ya ves: cuánta furia entonces, cuántas las torres desmoronadas en procura de un jardín incomprensible. No era de viento tu lengua, ni de nube: era del pedernal que ellos entendían. ¿Qué ley, qué disposición secreta, qué alquimia o signo hubiesen contemplado? Es cierto que te desafiaban con un grito en los valles nublados del Orco. Cierto que tomaban el pan y la mujer, el rocío o la sangre, con aquel gesto aprendido en tu mesa y al pie de tus murallas. ¡Oh, ...

La línea del coyote

(Texto completo. Editado en 1999 por Ediciones del Dock ) Libro primero/Confutatis En la calle una sensación repentina de vértigo y grandeza, ¿la habrás probado, Wolfgang? Todo este hálito que se alza desde bahías habitadas, amaneceres tibios, ruidos de las selvas y las excavadoras. Mire ese hombre en un bar desde una distancia neutra. Ha comprendido entre un torbellino de frenadas, de sirenas y gorjeos ásperos de motores que se pueden olvidar las cuentas y el despertar dolido, el retiro de la marea de las cosas, el instante histórico de la materia: es eterno ahora; y teme. ¿Quién lo sabría? Así como cada hombre lleva su cáncer secreto, cuando el delirio de la sabiduría lo absorbe, nadie se entera. Wolfgang, a menudo asaltado por el vértigo, sin embargo habría hecho relámpagos sosegados de violines, una coartada. El hombre en el bar ha pagado su momento a solas con el espíritu. Lo recuerdo: siempre hablaba de Roma. En particular, de un café lla...

Almas en movimiento

(Texto completo. Publicado en 1995 por Libros de Tierra Firme) Sabe Júpiter que no es posible ni verosímil que la material corporal, la cual es combinable, divisible, manejable, contráctil, formable, móvil y consistente bajo el dominio imperio y virtud del alma, sea aniquilable ni en punto alguno o átomo destruible... Giordano Bruno, “La expulsión de la bestia triunfante” 1. Habitaciones para turistas Química blanca En el alba rancia, en la mañana, en la luz que amansa, sin embargo llegan sonidos incongruentes, como rugidos, relinchos, quejidos, y se diría abajo hay campo, un roquedal, el mar, el patio de un cuartel. El hombre parido de la noche intranquila al día no se molesta en mirar por la ventana: encontrará, sabe, la calle, los árboles de siempre. Recita en voz baja, canta, se baña. Filtrados por las cañerías, los conductos de aire, sintetizados con otros más lejanos de trenes y gallinas, estos ruidos sonarán a qué en otros cuartos. Ha...