8.6.19

Poesía on line

por Carina Sedevich
Ardea (Universidad Nacional de Villa María, Córdoba, Argentina)


Recibió el Premio Nacional de Poesía 2015. Tradujo los tres libros de la Comedia de Dante Alighieri. Fue director de la Revista Ñ durante siete años. Tiene una mirada ecléctica e integradora acerca de la poesía argentina contemporánea y administra desde hace una década un blog muy frecuentado por quienes leen poesía en internet.

-Otra Iglesia es Imposible se presenta como “museo de poesía antigua y contemporánea” y doy fe de que así puede leerse. ¿Qué sentido tiene para vos la difusión de poesía?
-Desde hace diez años hago una entrada por día al blog, religiosamente. Me parece un buen modo de hacer difusión de la actualidad y al mismo tiempo armar una desprolija antología de poesía universal, con centro en la Argentina, inevitablemente. Lo que se publica, lo que se publicó. Es, me parece, una manera de mostrar la biblioteca y lo que sigue ocurriendo.

-¿Cómo elegís los poemas que incluís en Otra Iglesia es Imposible?
-Elijo en base a la actualidad, lo que se publica, lo que se traduce. Y también lo que ya no se publica, o se publica poco y nada. Los maestros para empezar. Pero siempre es una lectura. Soy bastante ecléctico y quiero dar cuenta incluso de poesía como la que nunca escribiría, pero algún límite tengo.

-Como muchos escritores, solés estar bastante activo en facebook. ¿Qué te atrae de esa red?
-En facebook entré con el propósito de poner un link a ese blog cada día. Después, agregué cosas, inventé personajes para opinar un poco a la bartola, usé el facebook como lo que creo que es, un medio informal. Donde se cometen todo tipo de atrocidades informativas, pero donde también se establece justamente una red de opiniones y de intercambio de información.

-¿Creés que actualmente la posibilidad de difusión de lo escrito influye en los poetas a la hora de escribir? Me refiero a las elecciones formales, temáticas, estilísticas. Tal vez algunos al escribir tengan presente, de modo más o menos consciente, que van a ser leídos en blogs o en redes antes que en libros.
-Da la impresión de que la poesía tiene su púbico en las redes sociales y esto puede provocar cierto estímulo. Quiero decir a escribir midiendo la cantidad de likes que se pueden cosechar. De todos modos creo que el hecho de que la poesía vaya de blogs a redes, y viceversa, o directamente de la computadora a la red, es un fenómeno interesante. Nunca la máquina de escribir fue al mismo tiempo el medio de difusión. Se escribe on line, prácticamente. Eso puede tener algo de bueno.

-¿Por qué te dedicaste al periodismo?
-Fue una decisión inspirada también por mi padre, del que seguía sus consejos finalmente en medio de casi violentas discusiones. No iba a ganarme la vida como poeta, así que tenía que tener un oficio. Elegí el periodismo. Y me gustó. Cuando me preguntan por mi oficio digo periodista. Pero en las biografías literarias no pongo esa palabra, aunque consigno en qué medios de prensa trabajé.

-Un personaje de Sábato dice en una de sus novelas algo así como que el alma del hombre puede conocerse leyendo los avisos clasificados y la sección policial de los diarios. ¿Qué recordás de tu época de cronista de policiales? ¿Descubriste algo en particular acerca de la condición humana?
-Claro que sí. No el alma del hombre, pero sí lo extraño del mundo. En general el periodismo me enseñó a colocarme en una especie de extrañamiento. Eso fue una revolución para mí. De todos modos recuerdo que no quise nunca entrar a una morgue. No me daba para tanto. Pero aclaro que fui periodista de policiales ocasionalmente. Mi rubro fue la información general, lo que hoy se llama “Sociedad” en los diarios y abarcaba desde temas municipales hasta la ciencia. Luego, el espectáculo y la cultura.

-Decís que  el periodismo te enseñó a colocarte en una especie de extrañamiento frente al mundo. ¿Te parece que la poesía es también, en algún punto, una forma de mirar el mundo desde el extrañamiento?
-Es el único punto de vista posible para la poesía. La poesía es, diría, cuando sucede ese extrañamiento. Sin él, no hay poesía escrita tampoco. Los poemas son el intento de reproducir el extrañamiento. Esa frase de Thomas Merton, la imagen cotidiana del hombre es su enemiga, debería ser uno de los diez ítems de un decálogo.

-En Wikipedia se lee que fuiste redactor en jefe de la revista Misterios. ¿Cómo fue que te encontraste trabajando sobre cuestiones paranormales?
-Era una revista de la editorial Atlántida que no salió mucho tiempo. Trataba todos los fenómenos raros. Me parece que su problema fue que quiso hacerlo en formato de lujo y con cierta seriedad. En esa época se vendían mucho las revistas sobre astrología y fenómenos paranormales en papel barato. Eran los primeros años 90.  La revista duró quizá menos de un año, no me acuerdo. A mí me gustó mucho la experiencia, desde investigar sobre los zombis verdaderos, los de vudú, hasta fraguar un horóscopo. Y un completo horóscopo, que incluía, me acuerdo, qué comidas gustan más a cada signo del zodiaco, piedras preciosas, clima, cosas así, que las inventé por asociación y cierto conocimiento mínimo del carácter atribuido a los signos.

-Hace un par de años Hugo Padeletti dijo en una entrevista: “No enseño poesía porque creo que poeta se nace. Gran parte de la mala poesía que se ha estado escribiendo últimamente se debe a los talleres de poesía.” ¿Coincidís en algún punto con esta afirmación?
-No totalmente, hay talleres que modelan poetas a imagen y semejanza del maestro, y otros que fueron útiles a muchos nuevos poetas, como el de Irene Gruss, por ejemplo.

-Si un poeta joven te pidiera consejo sobre cursar o no una carrera en escritura creativa, ¿qué le dirías?
-Le diría que de todo se puede aprender, de cada experiencia, de cada discusión, de los recursos expresivos que nos proponen, pero también le diría que todavía funciona aquello de “lo que natura no da, Salamanca no presta”.

-A propósito del Premio Nacional de Poesía que recibiste en 2015, dijiste que El libro del engaño y del desengaño, por el cual te lo concedieron, no es tu preferido. ¿Cuál de tus libros te gusta más y por qué?
-No es mi preferido porque lo encuentro algo confesional, no por la forma. Me gusta mucho la última parte de ese libro. Mi preferido es Cierta dureza en la sintaxis. Creo que allí logré, no lo sé con seguridad, tal vez me equivoque, que viva el mundo antiguo, que los souvenirs del mundo de la guerra de la Independencia, de la Segunda Guerra y de la Guerra Fría tengan alguna vida, además de nuestra reciente guerra sucia, y mi vida, de alguna manera metida por allí.

-En una entrevista afirmás que la temática de tu poesía es política, aunque no escribís sobre política. ¿Qué opinás de la poesía que se basa en algún tipo de militancia?
-Que para panfletos están los panfletos, y que la emoción de la denuncia solo la viven el autor y los que comparten sus ideas políticas.

-Con motivo de la aparición de tu traducción de La Divina Comedia, mencionaste que traducís con el objetivo de “poner la obra en términos propios”, y que estos términos se corresponden con el lugar y el momento histórico del traductor.  No obstante esta convicción, ¿en ningún momento te ha ocurrido leer traducciones contemporáneas en las cuales el uso del “vos” te sonara forzado?
-Me suena forzado porque el vos sigue siendo, para nuestra desgracia, una marca local muy fuerte. Una cosa es la sintaxis, el vocabulario incluso, la respiración de nuestro idioma argentino y otra es que un poeta lituano hable de vos. Todavía lo veo así. El uso de marcas locales muy fuertes me saca de un personaje, de un texto que sé fue escrito originariamente en otra latitud. Los argentinos no resolvimos la cuestión del voseo. Propendemos al tú cuando hablamos con chilenos o colombianos, nos pesa el vos todavía. Esto tal vez vaya cambiando. Tal vez nos parezca cada vez más natural y les parezca también a los otros hablantes del castellano, en todas sus variantes.

-¿Qué encontrás en los poemas que considerás buenos? ¿Qué tienen los poemas para vos inolvidables?
-Un impacto físico global, que activa emoción e inteligencia. Todo el sistema nervioso. A veces ese impacto lo encontramos sólo en algunas partes de un poema. A veces actúa retroactivamente, sobre todo cuando pensamos en obras extensas o en toda la obra de un poeta. Para sentir que la Comedia, toda entera, es un poema, tardé más de treinta años.

-¿Podrías describir el proceso de tu escritura poética? ¿Ha cambiado a lo largo del tiempo? 
-No, no ha cambiado mucho. Básicamente es salir de caza. Tengo un tema, tengo una situación, tengo olores, imágenes físicas, músicas o palabras que disparan la necesidad de armar algo. Pero qué va a suceder al empezar a escribir, eso no lo sé. Todo está en la primera línea. Es el llamado del cazador. A veces la partida se pierde. La ocasión se diluye. Y con todo esto no quiero decir que mi método sea la asociación libre. Las asociaciones no sé cómo suceden, pero sé que no son libres, sino necesarias.

-Si tuvieras que elegir unos versos tuyos por los cuales ser recordado, ¿cuáles serían? 
-Honestamente, no lo sé. Me gustaría que fuera algo como una imagen, tan física y certera, tan fantástica al mismo tiempo, como aquella de Quevedo: “Vencida de la edad sentí mi espada”, pero no encuentro ninguna a esa altura.

Universidad Nacional de Villa María
Secretaría de Comunicación Institucional
Catamarca 1042, Villa María, Córdoba, Argentina
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Carina Sedevich es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Villa María. Estudió  Semiótica en el Centro Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. Es autora de catorce libros de poesía. Su obra poética ha sido publicada en Argentina, España y Brasil y traducida al portugués, al italiano y al mallorquín. Es maestra en Ceremonial y Protocolo y profesora de Yoga y de Meditación. Coordina Ardea | Revista de arte, ciencia y cultura desde la Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM.

5.6.19

“Máquina de faro”: Ocasiones y epifanías


por Ángel Faretta, 2006

 
Los poemas se basan en una serie de momentos –de “ocasiones”-, una traducción al uso secular de la epifanía católica tan puesta en evidencia por el primer Joyce.

Pero estas epifanías son llevadas hasta la palabra escrita por una doble conciencia poética, la del fragmento, casi como una instantánea –hay cierto Hopper en “El sereno del garaje nocturno” por ejemplo-, así como a la condensación casi aforística del “diario en público”: “Los que saben hablar no tienen tu oficio”.

Este binarismo o doble vínculo se refleja también en un uso casi simétrico -pero que funciona armónicamente- de términos que deberían excluirse entre sí según ciertas poéticas fijas y estancadas en sus propios troqueles de “clasicismo” y de “novedad”. Por un lado tenemos aquellas voces ya canonizadas como tales por la poesía o por su traducción castellana de otros idiomas. Por el otro, un empleo de cierta expresión de territorialidad que no condesciende a ser reducida ni encarcelada al brete de localismo.

Este doble vínculo permite que el uso del voceo argentino o más bien porteño haga su aparición en algunos de estos poemas sin exhibirse como prueba, lance funambulesco, ni menos todavía como experimento mecánico.

Así tenemos que voces como “dinteles elevados” “tártaras o abisinias”, “avanzadilla”, “la sombra del milano”, pueden convivir con “aguas de azotea”, “el pique” o “la fonda en que almorzás”.

Pero también la referencia al marco y paisaje puede a la distancia de pocos versos pasar de la “riba” a “la luz eléctrica”. Así como el empleo de expresiones también binarias- como en “las cañerías que cantan la dicha suprema”- pueden más abajo y en dos versos sucesivos rematar con los términos “macaneos” y “habladurías”, que dicen y no dicen lo mismo; como si la poética del tango y algunas de las expresiones de Heidegger –“los existenciarios” en este caso- se unieran epigramáticamente.

La voz que une y enlaza los diferentes poemas es la de quien llevara nota sintética de un Apocalipsis que acabara de suceder -“y que el ángel liberará el sello”. Por eso los antiguos dioses y el “nuevo” Dios monoteísta pugnan en esta voz porque no se está seguro de quién ha vencido. Así “oscuro hijo de Leo” o “tu mano de Atenea”, pasando por el más neutral “un dios amable”, pugnan con “el plan de Dios” o “en diálogo lacónico con Dios”.

¿La aparición por dos veces del nombre de Abdías es referencia a ese libro -el más breve de los proféticos que compone el Antiguo Testamento y de tan sólo veintiún versículos- como metáfora del tono de calmo Apocalipsis de los poemas o como cifra de una voluntad de estilo prieto y lacónico que las distintas piezas nos muestran?

© Ángel Faretta
2006

Jorge Aulicino,
Máquina de faro,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2006