16.2.18

Trabajar cansa


Cruzar una calle para escapar de casa
lo hace sólo un muchacho, pero este hombre que vaga
todo el día por las calles ya no es un muchacho
y no escapa de casa.

                                                     Hay en verano
siestas en que hasta las plazas quedan vacías, tendidas
bajo el sol que está por caer, y este hombre, que llega
por una avenida de inútiles plantas, se detiene.
¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Solamente vagar, las plazas y las calles
están vacías. Hace falta parar a una mujer
y hablarle y pedirle vivir juntos.
De otro modo, uno habla solo. Es por esto que a veces
hay un borracho nocturno que comienza a parlotear
y cuenta los proyectos de toda la vida.

No es cierto que esperando en la plaza desierta
se encuentra a alguno, pero el que recorre las calles
se para cada tanto. Si fueran dos,
aun andando por la calle, la casa estaría
donde estuviese esa mujer y valdría la pena.
A la noche, la plaza vuelve a estar desierta
y este hombre que pasa no ve las casas
entre las inútiles luces, no levanta ya los ojos:
siente sólo el empedrado que hicieron otros hombres,
de manos endurecidas como las suyas.
No es justo quedar en la plaza desierta.
Vendrá ciertamente aquella mujer por la calle
que, si uno le pide, querrá dar una mano en la casa.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950), Trabajar cansa / Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,  Griselda García, Ediciones del Dock, Cartografías, Buenos aires 2018
Versiones de Jorge Aulicino


Lavorare stanca

Traversare una strada per scappare di casa
lo fa solo un ragazzo, ma quest’uomo che gira
tutto il giorno le strade, non è più un ragazzo
e non scappa di casa.

Ci sono d’estate
pomeriggi che fino le piazze son vuote, distese
sotto il sole che sta per calare, e quest’uomo, che giunge
per un viale d’inutili piante, si ferma.
Val la pena esser solo, per essere sempre più solo?
Solamente girarle, le piazze e le strade
sono vuote. Bisogna fermare una donna
e parlarle e deciderla a vivere insieme.
Altrimenti, uno parla da solo. È per questo che a volte
c’è lo sbronzo notturno che attacca discorsi
e racconta i progetti di tutta la vita.

Non è certo attendendo nella piazza deserta
che s’incontra qualcuno, ma chi gira le strade
si sofferma ogni tanto. Se fossero in due,
anche andando per strada, la casa sarebbe
dove c’è quella donna e varrebbe la pena.
Nella notte la piazza ritorna deserta
e quest’uomo, che passa, non vede le case
tra le inutili luci, non leva più gli occhi:
sente solo il selciato, che han fatto altri uomini
dalle mani indurite, come sono le sue.
Non è giusto restare sulla piazza deserta.
Ci sarà certamente quella donna per strada
che, pregata, vorrebbe dar mano alla casa.

25.11.17

De "Notas en un diario", de Ricardo Piglia

MIÉRCOLES
Se acaba de publicar una muy buena traducción del Infierno de Dante hecha por el poeta Jorge Aulicino. Hace un tiempo se publicó en inglés una notable versión de Robert Hollander. Hay que volver a traducir cada tanto a los clásicos porque la lengua cambia. Mejor sería decir que cambia el modelo de estilo literario de cada época, al que el traductor obedece implícitamente. Por eso, una historia de las traducciones sería el mejor camino para una historia del estilo literario.

La primera traducción de la Divina Comedia en la Argentina la hizo Bartolomé Mitre, un político y militar que llegó a presidente de la República. Lucio Mansilla, notable escritor y el único dandy dadá del siglo XIX, tenía una cita con Mitre pero este lo hizo esperar. Cuando Mansilla entró a su despacho, Mitre le dijo que se había retrasado porque estaba trabajando en su traducción de Dante. “Pero claro, general -dijo Mansilla-. Hay que darle duro a esos gringos”.

Ricardo Piglia, Nota en un diario, The Clinic, 6.3.2012