20.11.18

"Para mí, Dante es un florentino que narra su viaje a los otros mundos en la calle"


El Mercurio de Valparaíso
4.11.2018

¿Es posible reescribir La Divina Comedia sin perder su sentido inicial? ¿Se convierte en otro texto una traducción? El escritor, periodista y traductor argentino Jorge Aulicino publicó en 2015 una versión contemporánea del poema escrito en el siglo XIV por Dante, uno de los libros canónicos más ricos de la literatura occidental.

En Puerto de Ideas 2018 compartirá su pasión e intereses por abrir las barreras del lenguaje medieval, otorgándole un sentido desde lo contemporáneo. Nos contará con palabras simples la trama y los vericuetos del texto en la conferencia "La Divina Comedia, un libro de hoy".

"Quise hacer una comedia legible para mí, en mi idioma, que es el nuestro, hoy", explica el Premio Nacional de Poesía 2015 (Argentina), mientras reconoce que tenía 15 años la primera vez que intentó leer a Dante, pero que no pudo terminarlo y lo abandonó. "Era el libro más intrigante de la biblioteca de mi padre", recuerda, como también el más citado entre Jorge Luis Borges, Leónidas Lamborghini y hasta de los norteamericanos Ezra Pound y T.S Eliot, que tanto le gustaban.

El desafío de traducir la comedia significó para Aulicino integrar y analizar el poema más allá del lenguaje, buscar la intencionalidad de una época y reconocer que todo texto en realidad es intraducible, por el mismo hecho de que las palabras suenan y se escriben de otra manera. Por esta razón, explica que aquella intencionalidad también se ve plasmada en su traducción: "Dante quiso escribirla en la lengua que hablaban las comadres en el mercado. Su lengua era llamada, en general, vulgar. Era el idioma toscano, de uso familiar y social, pero no de uso escrito".

-¿Qué se suele perder y/o ganar con la traducción? Y en especial, ¿qué se ha perdido o ganado con la suya en la Divina Comedia de Dante?

-Quise hacer una comedia legible para mí en mi idioma, que es el nuestro, hoy. Esto alterando lo menos posible la traducción que se pudiese llamarse literal. Lo que se pierde es el modo en que suena la Comedia, cosa que sucede con cualquier otro poema, aun con los contemporáneos. Muchas veces ese sonido, al que algunos exageradamente llaman música, está unido al sentido. Esa asociación a veces puede ser reconstruida, dada la similitud entre los dos idiomas, en el caso de la Comedia; a veces, no. En este caso, se puede intentar un equivalente. Palabras cuyo sentido, en castellano actual, guarden correspondencia con sus propios sonidos.

-¿Cómo fue la lectura que usted hizo del poema? ¿En qué Divina Comedia se ha convertido su traducción?

-Mi traducción está precedida por varias traducciones en verso, y muchas otras traducciones en prosa, cuya historia se remonta al siglo XVI. No sé si hay otra lengua en que la Comedia haya sido traducida tantas veces. Lo que sé es que todas ellas reflejan los cambios del lenguaje literario a lo largo del tiempo. Esto me trajo a dos cuestiones: una es que cada época necesita sus propias traducciones. La otra, más complicada, es que la Comedia fundó, o fue el libro capital de la fundación de una lengua literaria. Dante quiso escribirla en la lengua que hablaban las comadres en el mercado. Su lengua era llamada, en general, vulgar. Era el idioma toscano, de uso familiar y social, pero no de uso escrito. Toda la documentación se escribía en latín. El hecho de que Dante, en De vulgari eloquentia, defienda el lenguaje callejero, el del mercado, nos permite pensar que hizo una doble elección: el toscano en lugar del latín, y dentro del toscano, el más corriente, el más natural. De manera que no me parece descaminado elegir, como espejo, el castellano de hoy, el castellano medio, específicamente el de la Argentina, aunque esto no significa abusar de los que se llamaban "localismos". Por ejemplo, no quise usar el voseo argentino en el lugar del tuteo, pero escribí "chicos" y no niños.

-¿Cuál diría que fue la intención de sentido y el mayor desafío en esta tarea?

-El sentido puede cambiar cuando uno elige un lenguaje actual, aunque recreando en lo posible la sintaxis, muchas veces intrincada, de Dante, y usando algunos arcaísmos. El problema de toda traducción es acercarla a nuestro entendimiento, pero manteniendo la certeza de que estamos ante un texto de otra lengua. Con la Comedia, ese juego de distancia y cercanía se impone aún más, y es a la vez más difícil. Creo que el mayor desafío es el que acabo de decir: lograr que la Comedia nos hable y mantenga su resonancia en el tiempo que le dio origen. Es decir: lograr un texto medieval en castellano actual. Si esto se logra, aunque sea en parte, el poema está cumplido, y con él sus múltiples sentidos: narrativo, alegórico, religioso, político.

-Algunos teóricos afirman que hacer visible la traducción tiene un costo, ya que el lector no puede pasar por alto que está leyendo un texto mediado por otro u otra ¿Cuál es su opinión al respecto?

-Bueno, es que debe ser así en cierta medida. Al lector no se le puede hacer olvidar la historicidad del texto. Fue escrito en una lengua y en una época determinados. Pero esta información debería emanar naturalmente de la lectura. La traducción es siempre equivalente. No hay forma de convencer a nadie de que lo que se está leyendo es el texto original… sólo que en castellano. La traducción es paráfrasis siempre. La literalidad absoluta solo existe en términos muy básicos: pan, mesa, hombre, mujer, día, noche. Y creo que ni siquiera allí. Los italianos sin ir más lejos llaman "sera" a un largo período que abarca parte de la tarde y la noche.

-¿Qué consejo le daría a alguien interesado en la traducción?

Que narre o cante el autor que se imagina. Que conviva con él. Que lo quiera. Como si -en el caso de la Comedia- Dante fuese un tío, un pariente cercano, un amigo. Que intente comprenderlo en sus sentimientos y distinguir qué palabras sirven mejor a esa imagen, sin alejarse mucho de una supuesta literalidad neutra. Para mí, Dante es un florentino que narra su viaje a los otros mundos en la calle, quizá ante un grupo de amigos, de pie, remedando gestos, haciendo comparaciones -como las que hace constantemente- para traer lo maravilloso a nuestro mundo.

18.11.18

Popular y actual: la nueva traducción de Dante

El poeta y periodista argentino Jorge Aulicino se suma a la tradición de traductores argentinos de La divina comedia y lanza su propia versión en Chile, por editorial Lom. Su ambición fue respetar la idea original de Dante de escribir con el lenguaje coloquial de su época. "Cada época debería retraducir a los clásicos", dice. 

Roberto Careaga C.
Revista de Libros
El Mercurio

18 de noviembre de 2018


"No, espera unos años", le dijo su padre al poeta y periodista argentino Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949) cuando intentó por primera vez leer La divina comedia . Tenía 15 años y tomó el ejemplar de su casa, avanzó lo que pudo hasta que entendió la advertencia y la dejó. Su padre tenía razón: no lo entendía. El momento llegó años después. Primero fue el nombre de Dante Alighieri, citado allá y acá, mientras Aulicino crecía tomándose cada vez más en serio la lectura y la poesía. Durante los 70, cuando empezaba su carrera como periodista, ya no pudo evitarlo. Un día se sentó a traducir al español La divina comedia, pero volvió a parar, aún no era el momento. Y finalmente, llegó. Publicada originalmente en 2015 en Argentina por editorial Edhasa, acaba de aparecer en Chile, bajo el sello Lom, una nueva edición de su traducción del clásico de Dante.

Respecto de la primera edición, la de Lom viene con correcciones y pequeños cambios. Aulicino presentó el volumen esta semana en la casa de Pablo Neruda "La Chascona" y, antes, deslumbró con su calidez en el Festival Puerto de Ideas de Valparaíso. "No imaginaba que Dante tuviera tantos seguidores", dice pocas horas antes de regresar a Argentina, donde ha desarrollado una larga carrera como periodista cultural -en diarios como Clarín- y poeta, con más de 15 libros publicados. A esa historia suma ahora su rol de traductor, en un país con larga y fructífera tradición en ese ámbito y específicamente de traductores de Dante.

"En Argentina hay una obsesión en traducir La divina comedia . Yo conozco cinco versiones y debe haber alguna otra. La primera es la clásica del Presidente Bartolomé Mitre (en 1897). También está la de Ángel Battistessa, en los 70. Lo curioso es que también se acerquen a traducirla personas como el doctor Antonio Milano (en 2003), que no tienen formación literaria o una historia como traductor o escritor. También está el caso de un señor muy pintoresco que se llamaba Francisco Soto y Calvo, que en la década de los 40 hizo una traducción casi risible", cuenta Aulicino. "No sé de donde viene esa obsesión. La verdad es que no lo entiendo. A veces pienso que debe ser por la inmigración italiana. Pero no sé si eso lo explica. Y hoy sé que un joven poeta lo está traduciendo. Así que sigue esta historia de traducciones argentinas", añade.

El caso de Aulicino sí parece estar ligado a su ascendencia: sus padres eran hijos de italianos y fue su mamá quien le enseñó la lengua. No de niño, sino ya por los 20 años, cuando Aulicino estaba escribiendo poesía. "En casa había toda una tradición literaria y del idioma italiano. Y mi padre era fanático de la Comedia . La leía en italiano. Supongo que eso también me llevó a que me interesara. Pero, en realidad, todo esto lo descubrí después. Yo me acerco a la Comedia por la influencia de otros poetas que la citaban. Vuelvo al texto al que me había acercado cuando era adolescente", cuenta Aulicino.

Cuando Aulicino dice Comedia lo hace por su familiaridad total con el libro, pero también hay un reconocimiento a la decisión del propio Dante que usó solo esa palabra para titular su libro. Sería Giovanni Bocaccio quien posteriormente bautizó el volumen como La divina comedia y ya la historia hizo lo suyo: ese texto en versos del siglo XIII que dio forma al imaginario del infierno, el purgatorio y el paraíso se transformó en una inagotable fuente literaria, conocimiento, sabiduría y admiración. Como la Odisea , La divina comedia excede su condición literaria para pasar a ser una pieza de la construcción de la cultura occidental. Y, por cierto, su actualidad nunca cesa: mientras aparece la edición de Aulicino, en España editorial Acantilado lanza una nueva traducción por José María Mico, que se titula simplemente Comedia . Ambas versiones comparten una decisión: no respetan la rima de Dante.

"Yo empecé a trabajar hace ya diez años. Empecé con un canto, sin más ambición. Cuando terminé el Infierno, dije: 'Bueno, seguiré con el Purgatorio, a ver qué pasa'. Y así fui avanzando. Cuando llegué al Paraíso me costó seguir, ahí pensé que no iba a poder. Es muy complejo", cuenta Aulicino, quien finalmente pasó esa fase y llevó a cabo la tarea con todo el libro, hundiéndose en el italiano toscano que manejaba Dante, pero también en su época y su biografía. "Es mejor entender el tiempo de Dante. Sobre todo entender el contexto político. Y en qué momento de su historia Dante escribe la Comedia . La escribe en el exilio, cuando ya rompió con la Iglesia, con el Papa", asegura, después de una década trabajando. Aunque podría haber sido más: "Se puede estar traduciendo para siempre. Infinitamente. Se puede estar toda la vida", dice.

-¿Para qué volver a traducir "La divina comedia"?

-Para acercarla al lenguaje de nuestra época. Yo creo que cada época debería retraducir a los clásicos. No hay una única traducción estándar que pueda ir recorriendo las épocas.

-¿Cómo surgió su pasión por el libro?

-Cuando empecé a escribir poesía y a tomármela en serio, alrededor de los 20 años, veía a la Comedia por todos lados. Desde Borges, que le dedicó nueve ensayos, hasta en escritores anglosajones, como Eliot o Ezra Pound, que nombran la Comedia muy a menudo. Y de golpe conocí a un poeta vanguardista argentino, experimental, Leónidas Lamborghini, y él era un fascinado con la Comedia . Cuando me empezó a hablar del libro yo me quedé asombradísimo: 'La Comedia es el libro más grande la humanidad', decía. Además, él tenía toda una teoría sobre lo paródico en la literatura, es decir que toda literatura imita a otra. Y no estaba tan desacertado en el caso de la Comedia: decía que era parodia de la gran literatura, cosa en la que coincide, en otros términos, con los estudios de Eric Auerbach. Dante se basaba en el estilo clásico y lo bajaba a la tierra. Reflejaba el mundo divino o elevado en el mundo material y terrenal.

-Y fue en ese momento que intentó por primera vez traducirla, ¿no?

-Sí, traté. A mí lo que me llamó muchísimo la atención fue el último canto del Infierno. Que es un delirio. Esa sí que es una escena dantesca: el diablo es un gigante que atraviesa el centro de la tierra, y Dante y Virgilio salen del infierno tomándose del pelo del diablo. Atraviesan el centro del mundo y llegan al hemisferio sur, y ahí es donde encuentran la isla del Purgatorio. Qué imaginación fantástica la de este tipo, ¿no? Todo eso lo sacó de su cabeza, no está escrito en ningún libro sagrado, no había ninguna tradición acerca de cómo era el cielo y el infierno, salvo imágenes medievales del diablo y del fuego.Y los ángeles y querubes. Él inventó un mundo entero. Le dio una geografía.

-¿Qué opinión le merecen las traducciones argentinas de Dante?

-Para mí, las traducciones tienen una marca de época. En la Argentina hay un deporte nacional: así como se traduce la Comedia , se critica su traducción. Todo el mundo se burla de la traducción de Mitre. La mayoría ni la leyó, tampoco a Dante en italiano. Para mí, no está tan mal. Es una traducción del siglo XIX. Cambia el lenguaje. El proceso del lenguaje muestra que no existe una traducción literal, estática, sino que siempre es una traducción de época. Luego está la traducción de Ángel Battistessa, que es mucho más moderna en el lenguaje que la de Mitre. Aunque de todos modos yo creo que es un poco académica. Y veo esa tendencia de casi todas las traducciones al español: elevar el rango del lenguaje de Dante. Hacer un lenguaje elevado, donde Dante está usando un lenguaje llano; lo que se llamaba en su época vulgar, y que es hoy podríamos llamar popular, común. Y para mí lo que hay que buscar es un equivalente del lenguaje coloquial que usa Dante. Lo que pasa es que el lenguaje coloquial cambia de una época a otra.

-¿Usted intentó traer "La divina comedia" al español coloquial del siglo XXI?

-Yo traté. La divina comedia también tiene momentos elevados que hay que respetarlos. Además, Dante introduce palabras latinas cada tanto; bueno, es una mescolanza. Pero la línea principal de la Comedia es el lenguaje vulgar. No vulgar ordinario, guarango, sino que entienda todo el mundo. Yo traté de mantenerme en ese registro, hasta donde se puede.

-¿Tiene alguna utilidad ser poeta al momento de traducir?

-Tal vez para comprender algunos procedimientos. Pero también se puede traducir sin necesidad de ser poeta. Hay que comprender, eso sí, que La divina comedia es más que un libro: es un mito. Un mito que opera en toda la cultura occidental. Siempre estamos citándolo indirectamente. Siempre está la idea del descenso al infierno, anterior a Dante, que para mí es lo central la Comedia . El viaje al otro mundo. La bajada al infierno. Y eso existe en la vida de todos, como figura, como mito. Todos decimos alguna vez: "Estuve en un infierno". "Mi vida es un infierno". Todos tuvimos nuestro descenso al infierno. Y nuestro paraíso. Eso me parece que hay que entenderlo: se está traduciendo no un libro sagrado, pero sí uno que es mitología.

-¿Cómo se traduce un mito?

-Te da un poco de temor, porque uno tiende a pensar que si cambia demasiado las cosas, está cambiando las palabras de un libro sagrado. Pero si uno piensa que la Biblia fue traducida tantas veces, por qué no se va a poder traducir Dante, quien muchas veces aclara que no escribe un libro sagrado. Por otro lado, da cierta libertad. Porque por ser un mito y tener una estructura tan bien pensada, no cambia. Puedes hacer cualquier desastre desde el punto de vista de la traducción y va a sobrevivir. De hecho, es así. Ha sobrevivido a las traducciones más horribles y está siempre viva en cualquier versión que leas. Te puede gustar menos la versión del español Ángel Crespo; a mí no me gusta, de hecho, pero Dante está ahí. La Comedia está ahí. Ese mundo vive ahí.

Vía EyN y Carles Távec

1.11.18

Un poema perfecto de un inigualable soñador


por Fabián Soberón
La Gaceta - Tucumán - 21 Jun 2015

La Comedia es una obra inagotable que combina poesía, filosofía, física (cosmología ptolomeica), arte, historia y teología. Dante propone tres mundos o reinos de ultratumba: el reino del Infierno, el del Purgatorio y el del Paraíso. No importa si los reinos existen. Lo crucial es que Dante se ha convertido en el inigualable soñador que nos dio este largo poema perfecto. ¿Qué otra suerte le espera al arte?

Cuerpos de tres cabezas, serpientes que son hombres, viseras de cristal, gigantes, demonios, Lucifer, el escarpado suelo, las estrellas, la luz más alta y Beatriz, la mujer hermosa e inolvidable que lo espera, que lo guía: todos conviven en esa fantástica invención literaria que es la Divina Comedia. Dante, el hombre de carne y hueso, inventa un personaje llamado Dante que viaja por los escenarios inhóspitos, horribles y bellos jamás pensados. Quizás el infierno sea una entelequia. Pero su existencia está justificada. Ha permitido que el gran Dante haya escrito esa “comedia única”, invaluable pieza que despliega en sus muchos versos dignos e inolvidables la vida de las sombras sufrientes y de un único cuerpo vivo.

Sólo una vez se nombra a Dante en el largo viaje: en el Canto XXX del Purgatorio, Beatriz le reprocha que quiera entrar al Paraíso. Dante dialoga con Virgilio, con los penitentes y los réprobos, con los esperanzados y con las almas angélicas. Pero él, Dante, le habla al lector y le confiesa sus visiones, su angustia, y le muestra el maravilloso mundo oscuro del infierno. Le habla sólo al lector y le muestra las alargadas sombras del Purgatorio y las innumerables luces del Paraíso: la rosa intacta y la luz mayor.

¿Qué otra cosa hizo Dante que viajar para volver a ver a Beatriz? ¿Acaso fue para tener, ante sus ojos, la esquiva imagen de Dios? ¿Fue para confirmar aquello que intuía como cierto? Quizás no importa. El viaje es maravilloso. El lector, cómplice ubicuo del poeta, puede leer infinitas veces la voz de Virgilio y la de su discípulo insuperable, los pasos de las sombras en el hielo, la tortura del fuego y la curiosa y escurridiza figura de Beatriz.

Lengua móvil

Pienso en la furiosa boca de Ugolino y en las veces infinitas en las que devora a sus hijos en la memoria, y en el dolor de las sombras que deambulan insólitas y ufanas por el suelo bermejo del infierno.

Pienso en la lengua múltiple de Dante y en la sofisticada lengua del traductor para darnos, quizás, la mejor versión en español de la Comedia.

¿Cómo hizo Jorge Aulicino, el traductor, para alcanzar esta “nueva” versión del poema? Está claro: Dante pergeñó una pieza hecha de muchos registros. En la magnífica Comedia conviven el toscano coloquial, la utópica lengua italiana, los latinismos, los cultismos, los préstamos. Aulicino traza una versión que recupera y dona en español esos múltiples registros.

Aulicino no se vale de la rima regular. Traduce en verso libre y con esa decisión se quita la obligación de la rima. Lejos de la coacción rítmica se permite el uso de los vocablos con procedencias diversas. En suma: trabaja con los distintos registros de la lengua. Respeta los latinismos (algo que no hizo Ángel Crespo), introduce coloquialismos (algo que no hizo Bartolomé Mitre) y deja que los versos se armen de ritmo y lirismo. El lirismo y las famosas comparaciones dantescas surgen en esta traducción del uso equilibrado de los distintos registros.

No hay una búsqueda de enaltecer la poesía. El lector que lea esta traducción no encontrará sólo poesía vertical. Podrá leer un poema extenso hecho de putas, arroyitos tristes, finados, embusteros, diminutivos (Anselmito, el hijo de Ugolino en el Canto XXXIII del Infierno), y latinismos. Es decir, podrá leer esa rica -riquísima- lengua móvil que es la Comedia.

¿Qué otra cosa puede pedir un lector?

LA DIVINA COMEDIA
DANTE (TRADUCCIÓN DE JORGE AULICINO)
(Edhasa - Buenos Aires)

© LA GACETA
Fabián Soberón