11.12.10

Los sesenta: política y vanguardia


SILVIA BEATRIZ AMARANTE:- A pesar de su pertenencia a la generación del setenta, se observa en usted una relativa influencia de la estética sesentista, ¿cuál es su juicio respecto de los sesenta?

JORGE AULICINO: -Creo que si algo debemos a los sesenta es la aproximación histórico-social al fenómeno de la literatura; una aproximación de tal naturaleza podría parecer limitada y es, sin embargo, más generosa que las operaciones actuales de la cátedra ejercida por aquella vanguardia que entonces estaba en la oposición. Lo paradójico es que la transición del antioficialismo al oficialismo de esa línea de pensamiento se ha realizado sin que mediara una revolución.

ALEJANDRO ELISSAGARAY: - Es inobjetable que en los sesenta hubo una manifiesta tensión entre la vanguardia estética y la vanguardia política.

JA: - La mayoría de los autores del sesenta proviene de la vanguardia. Algunos la abandonan para incorporarse a la vertiente coloquialista y social. Los que se quedan son repudiados. Esto genera un proceso de tensiones y contradicciones, en el que la vanguardia estética y la vanguardia política oscilan entre el acuerdo y la confrontación. El PC se oponía abiertamente a lo que consideraba una vanguardia festiva y burguesa. Sin embargo, lo curioso de esa época fue que una buena parte de los pintores abstractos, por ejemplo, se reivindicaba como comunistas, en oposición al fenómeno producido en el resto del planeta, en el que la abstracción materialista iba hacia la mística. En la Argentina, algunos integrantes del grupo Arte MADI, en los cuarenta, se reivindican como marxistas y es muy curioso como polemizan hacia afuera y hacia adentro a la vez, porque también llegan a cuestionar las posiciones oficiales del PC.

SBA: - Se rebelaban contra la estrechez de los enfoques formales y la sumisión total levantadas por la ortodoxia del PC.

JA: - Claro que se rebelaban. Un pintor, ex MADI y posterior preceptista como Raúl Lozza, un fervoroso militante comunista , produce una interesante vuelta de tuerca cuando sostiene que lo que contiene el cuadro abstracto es la realidad física real. Su posición se halla fuera de todo subjetivismo y entiende a la abstracción como un arte objetivo. Trata de reestablecer una relación entre la ideología revolucionaria y la vanguardia, entre el cambio en el arte y el cambio en la sociedad. La misma relación intentan restituir los vanguardistas en la poesía, cuando en todo el mundo la vanguardia iba para un lado y el movimiento comunista para otro.

AE: -Un ideólogo marxista que supo comprender a la vanguardia y defendió claramente la libertad creativa fue León Trotsky.

JA: -Sí, pero Trotsky era una rara avis exiliada de la Revolución Rusa. Lo demuestra cabalmente su acercamiento al surrealismo, a su líder máximo, André Breton. Esa experiencia constituyó una isla en la relación de la vanguardia con la izquierda a partir de la muerte de Lenin. Se trataba, para Trotsky, de que las elites intelectuales y artísticas coincidieran con las elites político-militares. Trotsky intentaba aún reunir el know how intelectual en un solo haz, eficiente y brillante, que debía conducir los nuevos estados y la nueva cultura.

SBA: -El conflicto era lo que abundaba, lo cual refleja la complejidad del fenómeno.

JA: - Es lo que usted misma dice: la complejidad, que se produce por la polémica entre la vanguardia y la política en general, por la polémica en el seno de las propias vanguardias, por la discusión entre la vanguardia y el arte llamémosle social o comprometido, aunque también ese arte adoptaba recursos estéticos de la vanguardia... Era fuego cruzado.

AE: -El realismo socialista estaba muy presente entonces, con esa implícita exigencia de fusionar lo creativo con el compromiso y con el contexto social. Se trataba de divulgar casi exclusivamente lo producido por esa vertiente.

JA: - Yo creo que había mucho de eso, aunque dentro del PC ya comenzaba a hablarse de realismo critico, o de realismo mágico de procedencia cubana. No podemos negar que la poesía de los sesenta tuvo también una importante dosis de diversidad, si bien es cierto que tampoco podemos soslayar la existencia de una estética predominante que iba a caballo del coloquialismo y del contenido social. Pero me parece que ese predominio pasa por una determinada presencia en los distintos medios y porque el fenómeno respondía a una corriente político-social reinante en aquel momento. La estética socio-vanguardista convivía con los surrealistas y con aquellos que seguían atentamente los cambios formales en Francia, el movimiento de ideas generado por el estructuralismo y Lacan, el hermetismo italiano y la beat generation. La generación del sesenta tuvo la perspicacia de intentar poner en términos apropiados desde la polémica Florida-Boedo hasta la oposición Borges-Arlt. Esto se debe reconocer.

SBA: -Pero impugnó a la generación del cuarenta...

JA: -Una lamentable equivocación: el rechazo de la poética de los años cuarenta. Aquel regreso a las formas tradicionales en la poesía y a temas elegíacos y melancólicos no fue bien considerado. El neorromanticismo fue combatido impiadosamente. Había que tener un enemigo. El neorromanticismo clasicista parecía el mejor. Y el más debilitado por su individualismo e irrealismo.

SBA: - De igual modo los sesentistas tampoco tuvieron en cuenta la presencia de la vanguardia en los cuarenta.

JA: -Eso fue una omisión desafortunada. Por ejemplo, no repararon en Olga Orozco y Enrique Molina, grandes representantes de un movimiento general europeo y latinoamericano al que llamaría surrealismo tardío. En esta recuperación del surrealismo se goza de cierta suntuosidad de la lengua. Son poetas que me atrajeron siempre, aunque sus intereses no son los míos. Son poetas vehementes y de fe. Hace más de treinta años, el poeta Francisco Paco Urondo, poeta de los sesenta, publicó el ensayo titulado Veinte años de poesía argentina, aunque en realidad abarcaba cuatro décadas. Dos cosas recuerdo especialmente de ese trabajo: la honestidad intelectual y el criterio histórico-político. Ese libro precisamente hace justicia con los surrealistas de los cuarenta, como los citados Orozco y Molina y Aldo Pellegrini. Otro tanto, con la obra de Alberto Girri.


Silvia Beatriz Amarante y Alejandro Elissagaray, Intersticios, conversaciones con Jorge Aulicino, Editorial Nueva Generación, Buenos Aires, 2010

Foto: André Breton, Diego Rivera y León Trotsky World Socialist Web Site