24.8.11

Entrevista / La Capital, Rosario

"No encuentro nada heroico, ni en el pasado ni en el presente"


Por Augusto Munaro
Diario La Capital
Rosario, 21 de agosto de 2011

Posición. "Uno propone y la acción literaria dispone", dice Aulicino.
Cuando en 1969 Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949) publicó Reunión, tenía todo un oficio por delante: desarrollar su vocación como poeta. Pronto le siguieron Mejor matar esa lágrima (1971), Vuelo bajo (1974) y Poeta antiguo (1980), libros que, como diría en una entrevista respecto a sus tempranos esfuerzos estéticos, "abrían y cerraban un ciclo de aprendizaje y de tanteos". No obstante, aquellos textos sirvieron como "campo de maniobras" para lo que vendría luego en su madurez: la consolidación de una estética propia.

Con la aparición de La caída de los cuerpos (1983), su poética dio un viraje. Allí sus poemas jugaban un duelo inusitado entre forma y contenido, marcando el inicio de una depuración estilística, que se acentuó en Paisaje con autor (1988). Apostando a la carga de significación de la poesía y las circunstancias, donde los objetos se tornan elementos de reflexión, Aulicino piensa y percibe el encantamiento de las cosas que se cristalizan en el peculiar modo de pensar que ofrecen sus versos. Otra respiración, cuya gravedad hilvana realidad e imaginación sin carga retórica.

Su último aporte, el Libro del engaño y del desengaño (Ediciones en Danza) encuentra su esquema en el justo medio entre premeditación e improvisación, donde "la fertilidad y la aridez se unen míticamente". Una obra que vertebra ese modo fluctuante de posicionarse a favor de la flexibilidad analítica del lenguaje. Una escritura permeable siempre a preguntas estremecedoras, desvinculándose de cualquier etiqueta, dando origen así a una batalla por amparar el signo de su uso degradado y banal. Con una extensa trayectoria en periodismo cultural, Aulicino se desempeña actualmente como editor adjunto de la revista Ñ.

Libro del engaño y del desengaño no tiene un único eje temático. ¿Cuál fue su mayor preocupación al escribirlo?

—Mi preocupación consistía en llenar los días con los fragmentos del recuerdo de una época y un tipo de acción política. Debía ser mi réquiem objetivo a esa época. Pero uno propone y la acción, en este caso literaria, dispone, coaligada con la memoria emotiva. Primero, como se ve en el primer poema de la primera parte del libro, hay un escenario vacío. Cuando comencé a retroceder en el tiempo, en un ejercicio consciente de memoria, me di cuenta de que la memoria se abría hacia distintos caminos. La memoria resultó ese montón de fragmentos de hojas que el viento introduce en la habitación y luego arrastra y barre, en una imagen típica de melancolía y decadencia. En resumen: el recuerdo épico, y el modo en que yo me lo planteaba, yendo del pasado relativamente reciente a un presente rugoso y en cierto modo inmodificable, terminó yendo mucho más atrás, por momentos. Y hay momentos en que el diálogo entre el pasado y el presente se hace imposible. No esperaba eso. Quería yo entender el engaño desde el desengaño, pero no lo logré. La suma da cero. No hay nada heroico ni en el pasado ni en el presente. En cierto modo ese poema se me hizo angustiante. Es angustiante. No se abre a un nuevo realismo, despojado y sin compromisos ya con el pasado. Y no puede lograr que el pasado duerma en el pasado su sueño de gloria. Ese fue el resultado de mi intención inicial, que era una intención de distanciamiento, de despojamiento.

—¿Cuál sería el argumento del poema?

—Un ajuste de cuentas. Pero ya le digo, no lo conseguí. Las cuentas siguen pendientes. El empeño mismo de escribir se pone en cuestión en la primera parte del libro. Hay poemas de ese largo canto, de ese canto en 30 estancias, que hablan concretamente de la desmesura de querer reescribir un pasado político, una metafísica, en el presente. Porque de eso se trató en realidad. No de un discurrir en busca de un diálogo con el pasado, sino de que el engaño tuviese algún aura. Y que eso incitara a insistir en la realidad, ya con menos peso, con menos deuda. A mí se me presenta ahora muy claro que cuando uno no quiere salirse de lo que entiende como su real "yo" lírico se mete en un barrizal. Entonces: mi intención fue aproximarme al pasado con absoluto compromiso personal y sacralizar —en el mejor sentido de la palabra— el presente, la inmediatez, la acción misma. Lo que obtuve fue, más que productivo desengaño, una desolación.

—¿Qué verdad de fondo transmite este libro?

—Uno tiene que tener su temporada en el infierno. El libro tiene cuatro tramos. El último es el que más me interesa. "El árbol de Baudelaire". En cuanto a la primera parte, el poema "Del engaño y del desengaño", yo siento que me venció el asunto. Fue como reencontrarse con una pesadilla —todos, o muchos, hemos tenido una pesadilla en el pasado— y volver a sentir el clima de esa pesadilla, y querer escapar. Una pesadilla irredimible, no sé si me explico. La verdad, si hay alguna verdad en ese poema, en ese canto, es que los mejores momentos del pasado estuvieron en la huida de la realidad, de lo que se llamaba realidad, y que era sólo un delirio de la peor estofa. O en los momentos en que se comprendía que la acción era coherente con alguna necesidad, con necesidades de bajo vuelo, por así decirlo. Pero no eran esas simples necesidades —el salario, tener pan en la mesa— las que movieron a las mentes de la pequeña burguesía revolucionaria. No había necesidad, no había necesidad de morir de aquella forma. Yo me di de cara contra eso. Otra vez, como si no lo supiera. En este país sucedieron cosas inenarrables, literalmente hablando.

—¿La poesía sirve para desengañarse de la realidad?

—La realidad no engaña. A la realidad hay que comprenderla. La poesía debería servir a ese intento. Cuanto más se la comprende, más extraña es la realidad. Por eso sólo puede percibirse (apenas percibirse) su trama en momentos extáticos. La cuestión es que la historia requiere narración. No se puede ver la historia sino como relato. No podemos entenderla si no tiene esa estructura, la estructura de relato. La poesía es auxiliar de la historia en ese sentido.

—¿Alguna vez le preocupó ser original?

—No quiero fingirme modesto, pero la verdad es que la palabra original me suena obscena. Ingmar Bergman decía que le había fascinado el ejército de artesanos que había contribuido, a lo largo de decenios, a construir la catedral de Chartres. Si lo piensa, es impresionante. Las catedrales demoraban muchas décadas en construirse. Y movían al trabajo a miles de artesanos, cada uno agregando un detalle al mismo tiempo místico y artístico al conjunto. Decía Bergman, entonces: quiero ser un artesano de la catedral que se alza en la llanura. No me puedo olvidar de esa frase. El trabajo, el trabajo humano, no comulga con la originalidad. Eso es lo que sé.

12.8.11

Lírica dictada en secreto


por Sandro Barella 
La Nación 
12 de agosto de 2011

En Libro del engaño y del desengaño el poeta Jorge Aulicino ahonda las líneas de su obra anterior y tensa la relación entre política y experiencia personal 

 "El dulce conversar de una mente inocente." Esta cita de John Keats que Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949) incluye al comienzo de Libro del engaño y del desengaño bien podría oficiar de subtítulo al volumen. Acaso no tanto por lo que de dulce o inocente tengan los poemas, sino por lo que se desprende del "conversar de una mente". Como si poco a poco, y sobre todo a partir de aquel breve La caída de los cuerpos (publicado hace casi treinta años), Aulicino hubiese rubricado la matriz de una poética en la que, en una compleja estructura formada por lenguaje y pensamiento, la lírica se encamina a su punto de mayor incandescencia.
Libro del engaño... se compone de una primera parte homónima que constituye el núcleo del libro; un intermedio de poemas más bien breves, y un cierre, "El árbol de Baudelaire", que dialoga con el comienzo. Los treinta poemas de la primera parte ponen de relieve algunas cuestiones. Una es la posición que el poeta otorga al yo, el punto vacilante en el que opera, ya como alguien que se dirige a una segunda persona o como quien habla consigo mismo, ya como quien describe una escena que lo incluye pero no lo explica ni es explicada por él; en cualquier caso, vacilante como puede serlo cualquier sujeto que se precie, ya que decir "yo" no basta para enunciar una experiencia.
Otra cuestión es cómo en estos poemas el centro de gravedad se va desplazando, se oculta, se escatima. Aulicino pone en cuestión, además, la tensión entre estética, política y experiencia personal. La historia produce un ruido de fondo y el poeta inquiere al desengaño: "Como si no fuera posible el poema en un pensamiento,/ el siglo devino púrpura, en imágenes planas,/ el pasado devino imagen de latas estampadas,/ de discos, de instrumentos, de íconos y láminas".
Las referencias a la pintura, numerosas, ya como descripción, ya como especulación más o menos teórica, son parte de la densidad conceptual de los poemas, y no meras citas, como no son tampoco "referencias culturales" las alusiones a circunstancias históricas, geográficas o poéticas. Como en un poema de Pound, la rama de un árbol, los frescos en el muro de una iglesia o el nombre de una multinacional forman la misma materia que dará en un verso. "El barroco no es de ideas, es de yeso./ El barroco no es de mármol. Es de materia maleable", escribe a propósito de Caravaggio. Así, podría pensarse el conjunto del libro como una visión del barroco. Pero un barroco seco. O un barroco recto: no voluptuoso.
Ese mundo de la reproducción se exacerba en la última parte: mundo saturado de ruidos e imágenes, de ruinas; mundo clausurado al heroísmo cantado por la revolución ("Recuerde: cuando empezamos/ Pier Paolo ya había enterrado a Gramsci, al Partido y al siglo"), pero no negado a la épica, aunque sea la del nihilismo. Acaso una lírica dictada en secreto, por un Stalker, desde una zona ignota de la poesía argentina.

6.8.11

La poesía no puede ser presente

CUESTIONARIO SCHMIDT

lunes 4 de julio de 2011
JORGE AULICINO (BUENOS AIRES,1949)



1. qué objetos te acompañaron toda tu vida?

Sólo yo mismo. Otros objetos me acompañaron muchos años, pero no toda la vida. Desde los 18 años me acompaña la Libreta de Enrolamiento. Tengo DNI pero sigo teniendo la LE porque la veo como reliquia no sólo de mi vida sino de un tiempo histórico. La LE a diferencia del DNI la emitía el Ejército y contiene todos los símbolos de la nacionalidad: escudo, bandera, Himno. También registra el llamado a filas, los cambios de domicilio y –con todo esto- las votaciones. Es el símbolo de una república castrense. Me congratulo de ya no vivir en ella, pero no puedo olvidar de dónde venimos. Ese símbolo arrugado y vetusto, ese cuadernito trajinado, me lo recuerda. También es la patria.

2. sentís presencias, voces, músicas del trasmundo?

Sólo te lo digo a vos: he visto figuras no físicas con lo que se llamaba el “rabillo del ojo”. Quisiera ver fantasmas, pero no son fáciles… Estoy seguro de que en sueños nos visitan los muertos. Ellos no vienen de nuestro “inconsciente” ni de nuestras “neuronas”. Son ellos.

3. qué pensás de la rosa, los anillos, el mar y los tatuajes?

Antes que nada, que son muchas cosas juntas. Las rosas son trágicas. Los anillos no los uso. Los tatuajes no son eróticos pero son sexuales. El mar. No sé. Era demasiado, pero ya parece poco si uno lo sobrevuela en un avión. Era el territorio de la aventura, de la pura intemperie y de la purificación. La primera vez que vi el mar, en la playa descubrimos, con mis amigos, el cuerpo de un caballo corroído por la sal. Esa capacidad del mar de reducirlo todo, sin podredumbre, me pareció una cosa extraordinaria.

4. cuál es tu superstición?

Todas. Trato de no que no parezca que las tengo.

5. en qué parte del cuerpo, el aire o el paisaje sentís la poesía?

En todos los paisajes. En algunas partes más lejanas del paisaje. Por ejemplo, en las azoteas y los declives de las calles que tienen declive. Y en los costados de las montañas donde hay alguna zona sin árboles en la que da el sol. Me imagino que esos lugares no tienen tiempo. En cuanto al cuerpo, en las sienes, preferentemente.

6. escribís mientras escribís o antes o después?

Escribo cuando escribo, y en cierto modo, un poco antes, cuando pienso en palabras y noto que algunas tienen un orden que no es el de la “prosa del pensamiento”.

7. qué autores no releerías?

Me olvido de los autores que no releería. Por decir algo, no volvería a leer a Emile Zola ni a Enrique Larreta. No volvería a leer la ‘Oda a los ganados y a las mieses’. Por ahora, creo, no volvería a leer a Borges.

8. de los poetas que conociste cuál, cuáles te parecieron que unían su vida a sus palabras?

No me parece necesario que los poetas unan su vida a sus palabras, excepto en el sentido de vivir decentemente. Y aun si no lo hicieran podrían ser grandes o buenos poetas. Si hablamos de que la imagen o figura o personaje del poeta vivo no traicione o, más bien, concuerde de algún modo con lo que hemos leído de su obra, creo que Joaquín Giannuzzi era parecido al personaje que habla en sus poemas, dramático y actor de su drama existencial, y al mismo tiempo gris e irónico. Alberto Girri lo era también: parco y enjuto. El timbre de su voz sin embargo no coincidía, para mí, con los poemas: era un poco agudo. Tuñón parecía flotar en otro mundo, era como uno esperaba. A otros los conocí junto con su poesía: la figura no contradecía al texto. Casi siempre los poetas se parecen a sus poemas, excepto Neruda. Cuando vi unas fotos de Dashiell Hammett me pareció que no era como lo imaginaba. Cuando leí su biografía, menos. Al final comprendí sin embargo que ese hombre un poco dandy era también el hombre duro que hablaba en sus novelas. He leído no sé dónde que cuando una admiradora quiso conocer a Rega Molina y preguntó por él en el diario El Mundo, casi salió corriendo ante la aparición de un hombre grueso, arremangado, sudado y con prisa por volver a su trabajo.

9. qué, quién, quiénes escribe en vos?

Escribe, si puedo, el personaje que creo que construyo. Un personaje que intenta mantenerse neutral. Que divaga. Que ve los paisajes y las gentes y tiene la Historia fragmentada en su cabeza y esos fragmentos unidos por hilos de sangre.

10. vuelven algunas palabras, algunos temas o algunos climas?

No vuelven, nunca se van. El tema es la circunstancia, el clima es por eso mismo generalmente de disolución, urbano, transitorio.

11. en tu vida, la poesía como propósito, destino o circunstancia?

Es más propósito que destino. El destino es estar solo, escribiendo. La poesía se logra a fuerza de escribir, de buscar. Acabo de ver una discusión en una “red social” a raíz de una frase de Juan L. Ortiz que decía que no importaban sus datos personales, sino el logro, cuando lo hay, que no es de nadie en particular y es de todos. Esto último –la poesía de todos- desató elogios. Alguno dijo que la poesía es previa. Con lo que el logro personal no cuenta. No advirtió que Ortiz mencionaba “el estudio y la experiencia”. Eso es logro personal, ¿verdad? Es cierto entonces que uno pone mucho de sí, con el propósito de lograr poesía. De manera que no veo la poesía como destino, sino como esfuerzo. El destino acaso sea que me haya dedicado a esto.

12. qué quisieras leer mañana, que quisieras releer para siempre?

Eh, eso es mucho decir. La Divina Comedia, la Ilíada, la Biblia, el Decamerón, Whitman, Poe, Montale. Mucho más. Sin contar los locales. Y lo peor es pensar que uno no puede releer para siempre.

13. qué pensás del romanticismo alemán?

¿Del alemán en particular? El primer movimiento: tormenta e iluminación. Con esa traducción del ‘sturm und drang’ me quedé. Es la que hacía Zelarayán. Su percepción kantiana de lo sublime no como lo regular, sino como lo irregular. Más allá de las obras, sin esa percepción la poesía no sería nada hoy, apenas podría parecer ridícula tratando de encontrar la zona áurea, la armonía, la simetría. Y sin embargo, lo apolíneo tiene que obrar a menudo para poner algo de orden. No podemos –como los románticos en general- admirar la magnífica obra clásica sino como una lejanía.

14. el silencio, la soledad, la transparencia, el orden, adentro, afuera, a veces, nunca ?

El silencio, la soledad son condiciones físicas. Es el destino. El orden hace lo que puede. A menudo es el sofisma lo que impera, la única posibilidad de interpelar un mundo que cada cinco minutos tiene nuevas reglas de convivencia, pensamientos cada vez más correctos.

15. qué fue lo imposible?

Todo es posible en la dimensión desconocida. Lo imposible va siendo no ver a la poesía como una forma de que la gente viva bien consigo misma.

16. la poesía es una arma cargada de futuro, pasado, eternidad?

Si vamos a jugar con la metáfora, no creo que la poesía sea un arma, pero actúa a veces con la violencia de un arma. Cuando pega en el corazón o el cerebro. Entonces sentimos su golpe físico. La poesía está cargada de esas tres cosas, que son una. Es trinitaria. Lo que no puede ser la poesía es presente.

17. la poesía es literatura?

La poesía se logra con literatura. Pero está fuera de ella. Es un exceso que nunca comprendemos ni podemos definir. El mundo excede nuestros patrones. Oí decir: poesía es excedente de comunicación, ‘esto es poético’, poesía eres tú, poesía es lo innecesario. Todo aquello de lo que no podemos hacernos cargo, y que, realmente, no es imprescindible para vivir y comerciar, parece que es la poesía. En los gestos humanos, en los paisajes, en las escenas íntimas, en el cine mudo, en el ambiente, en el cielo, en la religión. Religión como poesía de la ciencia, por ejemplo. El único excedente que no cabe en la mente ni en la poesía es la masacre. Esto lo atribuimos al Mal. Pero bien, ¿qué es el Mal? No es esos demonios brutales que saltaron de la Comedia a la ciencia-ficción. Es la mente en sí misma. Nada funcionaría sin el Mal en nuestro mundo humano. Lo que se olvida del diablo es que puede encarnar la voluntad totalitaria de la especie. Fausto quiere la juventud, a Gretchen, etc. Pero quiere más que nada el saber absoluto. El demonio no representa algo extraterrestre, inconcebible para el ser humano. El demonio representa siempre el principal pecado, el pecado de soberbia, el desafío a Dios. ¿Querrías explicarme si no por qué está Odiseo en la parte más baja del Infierno? No porque ha sido traidor, como lo presenta Virgilio, sino por lo que él mismo cuenta: su obsesión de conocimiento. Lo que cuenta Odiseo es que ha navegado más allá de las columnas de Hércules llevado por su afán de conocer más. Y ha navegado ya en mar abierto, en el océano –cosa que por cierto no ocurre en la Odisea y es pura imaginación de Alighieri-, hasta que, avizorada una isla lejana, una gran ola destruye su nave, a él y a sus acompañantes. Dante ha sabido leer el texto de la Odisea en otra clave. Por eso mata a Odiseo, que en la obra atribuida a Homero no muere sino que vuelve a casa.

18. qué lugar ocupa la poesía argentina en Latinoamérica y en la lengua castellana?

Creo que un lugar relevante. Por la riqueza y variedad, por la calidad, por los debates que llevó a cabo, por la importancia de muchos de sus cultores en el concierto latinoamericano o en cualquier otro concierto. Hay una gama en la poesía argentina que no es frecuente en otras. Hay una poesía de reflexión que no está en otras. Hay una antipoesía anterior a Nicanor Parra. Hay poetas mucho más interesantes que Neruda. Todo eso conviviendo con romanticismo y antirromanticismo, con vanguardismo y antivanguardismo, con clasicismo y surrealismo. Todo claramente perceptible. Escuelas, capillas, claustros, tertulias. Eso es lo que veo en la poesía argentina. Esa variedad no dio por resultado un experimentalismo débil, una falta de personalidad. Dio fuertes personalidades, distintas. Y argentinas todas.

19. cuáles poetas argentinos te parece que deberían estar y no están?

Si te referís a los medios, hay poetas como vos, y muchos poetas del interior que no suelen estar (esto dicho del escaso lugar que para la poesía hay en los medios). Si te referís a las antologías, suelen tener déficit también por ese lado, y exceso por el otro. El país se ve desde Buenos Aires. Buenos Aires-Rosario, a lo sumo. Tienen razón los que protestan contra ese estado de cosas.

20. alguien te llevó o fuiste solo a esa palabra oscura?

Fui solo.

21. fuera de la poesía que campo del arte te interesa?

La pintura y el cine. Principalmente el cine de Hollywood. La música. Pero hubiese sido un actor de teatro. Me habría gustado.

22. la poesía es una tarea del espíritu o una emanación de la historia ¿hay espíritu, hay historia?

Hay espíritu en la historia. Nos han dicho que toda bandera y toda religión ocultaban el verdadero sentido de la historia. Luchas de clases. Lo que no entiendo es por qué ambas cosas no podrán ser ciertas: las banderas, la cruz, la media luna, el sol, el dragón, las oriflamas y las clases. Es tremendo que quienes tenían y tienen un pensamiento crudamente materialista, en cierto sentido, hobbesiano, hoy nos hablen de ‘utopías’. Un viejo anarquista, no un idealista platónico, me dijo una vez: ‘Si hay concepto de patria, hay patria; si hay concepto de Dios, hay Dios’. Las ideas parecían para él cuestiones bien materiales. Enfrentaba a las que consideraba enemigas dándoles la misma consistencia que Lutero le daba al diablo (digo yo, por aquella leyenda de cuando le arrojó el tintero). Así pues, la poesía es emanación de la historia que es espíritu y materia.

23. cuál es la mayor dificultad en la relación existencia-poesía?

Sin dudas, que uno no puede vivir de la poesía. Pero es mejor así.

24. quisieras responder otras preguntas, quisieras hacer otras preguntas?

Ojalá pudiese responder a las preguntas, y no volver a preguntar.

Publicado en Cuestionario Schmidt