11.6.16

«Antología», de Jorge Aulicino. Ediciones Liliputienses


Poemas del Alma
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Publicado por Tes Nehuén - 10 de junio de 2016


Dice Manuel Padorno que “la historia se termina cuando empieza la primavera” y que el “animal despacio” podrá un día atravesar la pared después de haberse resguardado en el silencio un largo tiempo. Cito a Padorno porque al leer a Aulicino me han venido frases de este poeta tinerfeño. El silencio de Padorno, sin embargo, es diferente del de Jorge; porque la humedad de la pampa bonaerense produce en el silencio la eterna primavera. Y Aulicino saca tajada del mismo para producir una escritura profunda y filosófica que escarba en los problemas fundamentales de la vida.

“Antología” de Jorge Aulicino (Ediciones Liliputienses) es un libro que permite descubrir la voz de uno de los autores más destacados de una generación que no ha recibido el justo reconocimiento fuera del territorio nacional. Porque afuera sólo parece haber Borges, Cortázares y Casares… Pensando en esto he intentado dar con una de las editoriales que publican en España buena poesía latinoamericana (la magnífica Ediciones Liliputienses), y traeré a partir de ahora algunas reseñas de la otra orilla; de ese silencio húmedo y primaveral. Lo próximo será “Humedal” de Daiana Henderson que es otra maravilla; os lo aseguro.


Antología del revés
A diferencia de otras antologías, los Liliputienses han decidido ordenar la de Aulicino desde el presente hacia el pasado, permitiéndonos reconocer primero la nueva escritura de Jorge para luego desandar el camino hasta sus primeros poemas. Saltándome las reglas, mi lectura estará ordenada a la inversa, de pasado a presente, porque aunque la última poesía de Jorge es la más exquisita, no sé si es posible comprenderla sin el trasfondo, el crecimiento que ha ido viviendo como poeta con los años.

Pienso que la última poesía de Jorge es más impactante pero menos comprensible y que puede resultar más sencilla de atacar cuando estamos familiarizados con el universo Aulicino, que es algo totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados a leer en España, que rompe con los buenos modales y ofrece una poesía más dialogal, aunque no por ello prosística, y que se abraza a las raíces del discurso de una generación de autores fascinantes, como lo son Lamborghini, Cohen y Aulicino. A Padorno podríamos también incluirlo aunque sea español: hay ecos de latinoamericanidad en él; será por ese fuerte vínculo que hay entre las Canarias y América Latina.


La poesía de Jorge Aulicino
Aulicino es un poeta extraño; hay que decirlo. Su poesía no se digiere con facilidad; no puede leerse con un ojo mientras con el otro se realiza otra actividad. Hay que sentarse, leer con calma, leer en voz alta, rumiar las palabras, hurgar en su sentido. Recién entonces se desvela, y aún así, cuando lo releemos, la claridad aumenta.

Comienzo por el final de esta “Antología”, que es cronológicamente el principio de la poesía aulicinia. Bueno, casi; porque el primer libro que aparece es “La caída de los cuerpos” publicado en 1983, que es en realidad el tercer libro de Aulicino. Primero estuvieron “Vuelo bajo” (1974) y “Poeta antiguo” (1980).

A grandes rasgos podríamos decir que la poesía de Aulicino se mueve por unos márgenes bien delimitados: principio, memoria y dolor. Son éstas las ideas que más le interesan y sobre las que se van materializando reflexiones más específicas: sobre la naturaleza de las cosas, la memoria colectiva, la vida moderna, y que nos invitan a pensar directa o indirectamente en esas obsesiones que impulsan su escritura.

Al leerlo pasamos por diversas etapas porque, al ser un poeta hermético, a veces resulta difícil comprender a fondo la imagen que subyace en una idea, o viceversa. No obstante, en este punto reside una de sus mayores virtudes como poeta, la de crear un universo propio lleno de referencias a la historia de la literatura sin perderse en explicaciones vanas. Dadle tiempo y veréis como se convierte en uno de esos autores a los que desearéis regresar con cierta presteza-obsesión-rutina.


Sobre el arte y la realidad
¿Representa el arte a la realidad o lo que hace es crearla? Esta pregunta es el punto de partida de la primera poesía de Aulicino (“La caída de los cuerpos”, “Paisaje con autor”, “Almas en movimiento”) donde también cabrían los sueños y la búsqueda como una representación artística.

No hay respuestas certeras. Pero a través de su poesía, Aulicino nos lleva a indagar sobre la realidad al observar lo que se halla velado, que es en verdad lo más (quizá, lo único) cierto que existe. Se vale del arquetipo del bodegón en la pintura de naturaleza muerta y se pregunta qué hay detrás de ello, qué es ese jarrón, a quién le pertenece. Una forma, entiendo, de demostrar que ir más allá de lo que la realidad nuestra implica también ir más allá de lo que el arte y la historia cuentan de esa realidad. En este punto yace el fundamento de toda la obra de Aulicino, que podría explicarse como la inquietud frente a la certeza ligada a aquello que damos por hecho, aprendido pero no interiorizado.


Contra la poesía como herramienta de poder
Siempre he sido algo reacia a la poesía social tal cual se concibe; considero que toda escritura colectiva debe partir del sí mismo, de la experiencia individual. Y como también creo que no existe experiencia íntima sin el roce de los otros, al final se habla mejor de la sociedad si se la interpela desde el yo que desde el ambiguo nosotros. En Aulicino también hay una poesía de corte social, que, al igual que ocurre con toda su obra, parte de la propia experiencia. Se construye de recuerdos íntimos que van deshilachándose hasta alcanzar ese hermoso potencial que tenemos todas las especies vivas que tiene el bonito nombre de memoria colectiva: un bagaje primitivo y milenario que compartimos con los nuestros, y que no terminamos de descifrar cómo, pero que somos capaces de conocer y reconocernos en él.

Decía que es un Aulicino más social, combativo, antibélico y rebelde. Un poeta que se niega a aceptar que la vida gire en torno al capital y que, sobre todo, se resiste a aceptar que la poesía sea tomada como una herramienta institucionalizada, al servicio del poder. En esta línea podrían ubicarse sus libros “La línea del coyote” y “El capital”, fundamentalmente, y poemas como “Estación Finlandia”, que parte con una cita de Engels sobre la libertad y va a dar precisamente en la ausencia de ésta, cada vez más añorada y ajena en el mundo capitalista. Un poema del que extraigo un fragmento conciso.


El nuevo Aulicino
La última parte de esta lectura, que remite en realidad a la primera del libro, es sin duda la más exquisita. Gracias a esta antología se puede apreciar la evolución de Aulicino, que comenzó siendo un poeta intenso y con cierta tendencia a la claridad y lentamente fue aferrándose a una escritura más simbólica. Pero no hay que confundir simbólico con abstracto; curiosamente la poesía actual de Jorge dentro de su hermetismo que tiende a la construcción de una simbología poética propia, subyacen imágenes y formas bien definidas. Es decir, que se trata de una poesía simbólica y figurativa, si cabe esta antinomia.

En libros como “El Cairo”, “Escolios. El camino imperial”, “Libro del engaño y desengaño” y “Máquina de faro”, vemos a un Aulicino que acude a mitos de la historia, que revisa textos de la biblia y ofrece una nueva mirada sobre la forma en la que leemos los acontecimientos pasados, y presentes, y los vínculos que establecemos con los otros. En “El Cairo” nos permite entrever una serie de poemas contradictorios que se sitúan en la vida. El origen de la humanidad (civilización, podríamos decir), los mitos y arquetipos que nos han ido formando y la extraña negación sistemática que academias e instituciones han impuesto sobre ellos en pos de una cultura más polivalente.

Y, partiendo de este tema, se van desprendiendo poemas intensos en los que el autor reflexiona sobre lo que hubo antes, si acaso existió. Al leerlo nos resulta innegable abocarnos por una lectura más profunda y antropológica del concepto de “Principio”, y esta reflexión irremediablemente nos lleva a hacernos la pregunta que podría comprender el vasto territorio de los poemas de este libro: ¿puede la memoria individual desligarse de la memoria colectiva?

Leer a Jorge Aulicinio puede ser una maravillosa forma de interesarnos por la poesía húmeda de la pampa para disfrutar de uno de los autores argentinos más interesantes de las últimas décadas. ¡Os animo a leer “Antología” y a internarse con gusto en este universo fascinante que nos propone Liliputienses!


ANTOLOGÍA
Jorge Aulicino
Ediciones Liliputienses, [España], 2015
ISBN: 978-84-944365-5-0
213 páginas
10,40 €



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