21.9.11

El olor del pez alejó al demonio





El olor del pez alejó al demonio, Tobías, 8:3

Decís vos: mirá los vendedores de pescado...
Suponemos ambos que vemos lo visto,
el determinado
significado
que se ajusta, detalle más o menos,
a lo que físicamente vemos en este momento exacto.
¿Vendedores de pescado, Pablo?
Esos hombres, si son hombres, no venden pescado.
No tenemos prueba alguna.
Esos hombres no tienen pescado.
Esas son figuras con canastos.
Esas son figuras con objetos pardos.
Esas quizá son figuras.
O son los apóstoles, Pablo.
O son una masa articulada de modo que ni vos ni yo
podemos describir, porque su aparición en la línea
de lo que convenimos real no los hace, per se, reales
vendedores, ni hombres, ni sombras, ni objetos, Pablo
-en sentido intelectual-.
Apenas nuestro lenguaje, con propiedad, podría decir: aquello.
Sólo lo indeterminado.
Y aun en ese caso, no sería correcto nuestro hablar,
no se adaptaría a trasmitir siquiera una palabra del 'campo' de lo 'real'.
Como si dijeras: 'el pespunte se viste del inolvidable albur'.
Como si fuera natural que alguien amanezca con una maza en la mano.
Como si cada detalle de los infinitos detalles de esta calle que baja
al río fuese natural, se pudiera mencionar, incluso,
cada detalle oliendo a víscera de pescado.

Jorge Aulicino, El camino imperial. Escolios, Ediciones Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2012

Ilustración: A Grey Morning (detalle), 1912, Terrick Williams

12.9.11

Dinastía Han, 194 d.C.






Dinastía Han, 194 d.C.

Bien lo dices: "Qué clase de emperador
soy que no tiene morada y habita un país en ruinas";
el entendimiento en ruinas, asimismo.
Hice dádivas,
mientras tallaba mi palacio en oro.
¿Los que invaden mi reino son pueblos justos?
¿Todos beben según su necesidad en los ásperos campamentos?
¿El líder es probo?
De nada te sirven estas preguntas.
Planta tú mismo el arroz devastado.
Únete a tu pueblo.

Naufragará en el Yang Tzé el pensamiento único.
En cada uno de los Tres Reinos
habrá una semilla de verdad.

La espada tiene término.
Donde quiera, el Espíritu soplará.
Y dirá incluso Cao Cao el poderoso:
"Aun las serpientes aladas
se convierten en polvo".


Jorge Aulicino, El camino imperial. Escolios, Ediciones Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2012


Ilustración: El curso del imperio. Estado salvaje, 1834, Thomas Cole