29.10.11

De "Libro del engaño y del desengaño", 6




25

Piense que el occidente es cromático,
me decía, mientras pescábamos
en el alto Paraná. Si pinta, por ejemplo,
alambre retorcido, o si pinta enredaderas,
la tierra de Siena o lo que use para pintar,
ha de darnos en el pincel materia que sangra.
Usted no puede tocar impunemente la materia.
Para los chinos la materia es pensamiento.
Pero recuerde usted que el occidente es cromático.
El occidente es físico. El occidente ha hecho libros
cubiertos de cálculos. Usted no puede así no más
pintar. Encarne, vuelva a probar, tire ese bagre.

Jorge Aulicino, Libro del engaño y del desengaño, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011

Ilustración: El mar desde las alturas de Dieppe, 1852, Eugène Delacroix


22.10.11

Paradise Lost




Paradise Lost

Porque cuando te mira fijo, es
absolutamente, absolutamente,
Dios. Lo mirás con la maza y las escamas
de las que lo ha dotado el buen cine industrial.
Creen engañarte
-recuerda el viejo corriendo las lagartijas entre los tomates:
diablos menores entre latas de tierra y abandonados manubrios-,
y te dicen la diabólica verdad.
Es una guerra de titanes, de músculos y ángeles.
Una guerra, ah, decírtelo: de hermanos. Cielo de los reptiles,
tierra de los charcos con miradas de querubes.
Rasgada la túnica, Miguel muestra bíceps de gimnasio,
entrenado cuerpo, batiente tórax, pelos bestiales.

Jorge Aulicino, El camino imperial. Escolios, Ediciones Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2012


Ilustración: De William Blake para El paraíso perdido, de Milton, 1807

7.10.11

Kritik der politischen Ökonomie






Kritik der politischen Ökonomie

Debo agradecer - dijo el poeta Fergusson
O'Connell - a todos estos señores
-años de Oxford detrás de sus palabras-.
Los árboles de la calle frente a su ventana
en Equis Street -Gordon Street digamos-
tal vez eran plumas, fueron plumas
para las mentes dispuestas, ágiles y sinceras
de los románticos. No para él. Para él sólidos eran.
Su movimiento, visible. Sólidos, y se preguntaba
por las arenas de las grandes fosas
marinas. A nueve a diez kilómetros de profundidad.
¿Ligeras? Se preguntaba por todo el contorno:
el martillo del herrero su padre resonaba en su cabeza.
Oh luchó en las garras del capital -Debo
agradecer a todos estos señores -dijo-.
Pues comprendía, pues luchó en las garras.
Conoció el chasquido del panfleto y la resonancia de los bosques.
A todos esos señores, en las garras.


Jorge Aulicino, El camino imperial. Escolios, Ediciones Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2012


Ilustración: Paisaje de la isla Rügen, 1818, Caspar David Friedrich