28.11.14

No importa que ya no oiga el crujido de las naves

No importa que ya no oiga el crujido de las naves
en Bristol, una serenata nocturna, un eco de cierta eternidad:
he aprendido sobre balandras, asaltos a cielo abierto, golpes de mar
que nos quitan el alma, y a diferenciar el bergantín de la goleta.

¿Lo ves, capitán? Más cerca de las máquinas el hombre se hace lobo.

Enfoca el bauprés hacia el combate. La tripulación está contigo
porque en verdad no está con nadie.

Pronto llegará la revolución del pistón.
Nuestros cielos de oro serán piezas de museo.
Y la aventura llamará de nuevo. Nos buscarán en el fondo del mar,
y el hueso de tu hombro señalará campos de marsopas, a lo más.

El Cairo,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2015