29.1.20

El engaño, el desengaño


01/12/2015 PREMIO NACIONAL DE POESÍA

En el Libro del engaño y del desengaño el poeta y traductor Jorge Aulicino, reciente ganador con este libro del Premio Nacional de Poesía, explora su pasado estético y político a la luz de una nueva retórica poética en la cual si todo lo sólido se desvanece en el aire, ese aire que respiramos lejos está del aire incorruptible del que supo hablar su colega francés René Daumal.


por Pablo E. Chacón - Télam

En el Libro del engaño y del desengaño, el poeta y traductor Jorge Aulicino, reciente ganador con este libro del Premio Nacional de Poesía, explora su pasado estético y político a la luz de una nueva retórica poética en la cual si todo lo sólido se desvanece en el aire, ese aire que respiramos lejos está del aire incorruptible del que supo hablar su colega francés René Daumal.

Aulicino dirigió la revista de cultura Ñ; fue miembro del consejo de directores de Diario de Poesía y ha publicado en la editorial Edhasa una monumental traducción de la Divina Comedia. Es autor de En la línea del coyote, La nada, Hombres en un restaurante, Estación Finlandia, La luz checoslovaca, entre muchos otros libros.

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

T: Premio Nacional de Poesía. ¿Cuál fue tu impresión cuando te enteraste? ¿De qué libro se trataba?

JA : Me puso contento, se trata de un jurado plural estética y políticamente. Eso hay que señalarlo. El libro premiado es Libro del engaño y del desengaño, dividido en cuatro secciones, una de las cuales es un solo poema fragmentado. Ese poema habla de mi experiencia de los años setenta, aunque de modo quizá sólo reconocible para quienes la vivimos, o los hijos de quienes la vivimos. Para quien no, será novela, una novela rota. Pero hay algo más atrás, o más históricamente destacable, que es lo que vino después en el mundo, resumido en la caída del Muro de Berlín. Aunque era un final cantado, no dejó de ser tremendo para muchos; el desmoronamiento del mundo socialista fue tremendo. Y se produjo del día a la noche. En aquellos 90, cuando le preguntaron a David Bowie qué impresión había tenido como testigo de la demolición del muro, Bowie dijo: “Fue como ver el cadáver mutilado de un viejo amigo”. Signo de la opresión, para otros era barda o contención. Una historia terminaba allí, y por supuesto allí había un cadáver, como al final de toda historia. Y creo que por eso mi poema sobre el engaño y el desengaño fue un poema en fragmentos. Fragmentos de un muro, de una experiencia de 30 años para mí.

T: Para un poeta de tu trayectoria, ¿qué implica hacerte acreedor de este galardón?

A: El reconocimiento a un trabajo largo, no solo a ese libro. Siempre vi los premios nacionales como reconocimiento, justo o injusto, a un trabajo, a lo que se llama una obra, implícito en el premio a un libro en particular.

T: ¿Qué otros poemas agrupaste en el libro premiado, imagino que trabajado a un costado mientras traducías la Divina Comedia?

A: Además del poema del engaño y del desengaño el libro tiene unas traducciones muy libres de antiguos poemas chinos hechas desde otros idiomas, el inglés, el francés, el italiano incluso; otra parte que es la de los “epílogos” o agregados a algún tipo de final, a distintos tipos de finales (personales, épicos, quiero decir); y por último una sección llamada ”El árbol de Baudelaire” de poemas largos y anchos, por así llamarlos: extensos y de versos prosaicos. Hablan del sentido de lo urbano para Baudelaire y para un testigo tieso de esta ciudad: a diferencia del testigo de Baudelaire, que era el flaneur, el caminador sin rumbo en una ciudad inabarcable y anónima, este observador mío se queda quieto, mira por la ventana del bar, quisiera ser un viejo clavo en la pared de un bar o tener un viejo clavo para dejar alguna marca en el tiempo, en la pátina de grasa de las paredes. Sí, escribí los poemas de este libro y de uno anterior, incluido en Estación Finlandia, mientras traducía la Comedia. La oscuridad de las ilustraciones de Doré a la Comedia, y la oscuridad del infierno, su teatro de sombras, rondan esos libros.

T: Como sea, ¿pesó (o pesa) la voz del Dante en la construcción de ese libro y los que vinieron y vendrán después?

A: Sí, por dos o por muchas razones: empecé a ver la Comedia como un ingenioso dispositivo hace muchos años, pero recién ahora me doy cuenta de que Dante describe en el infierno una ciudad. Entonces, esto tan elemental, dicho incluso en el libro cuando entra Dante con Virgilio a “la ciudad de Dite” (Dite era uno de los nombres de Lucifer, pues era a su vez uno de los modos de llamar a Plutón) todavía no era tan claro para mí. El infierno tiene una estructura urbana, con compartimentos que podríamos llamar barrios, incluso, edificios tomados, callejones, y con lugares comparables a plazas. Eso viene del carácter urbano del cristianismo, claro. Desde Cristo, el centro de la muerte y la expectativa de una nueva vida es una ciudad, Jerusalén. Es por eso creo yo que Dante pone al Purgatorio en las antípodas de Jerusalén geográficamente, y al infierno en el centro del planeta. Reconocer esta estructura en un sitio que a simple vista es el caos y la destrucción es para mí decisivo en cuanto a la comprensión de la Comedia. Y esto no puede dejar de tener una importancia enorme para cualquiera que haga literatura si esta literatura abarca la forma más actual de la ciudad, de la sociedad, de la organización humana. Es imposible que no pretenda abarcarla, por lo demás. Imposible también no ver en el lenguaje de Dante y en la disposición de vecindario de su infierno, donde realmente los personajes son vecinos (del autor y entre ellos), una figura eterna de las ciudades y las sociedades. Una arqueología del inframundo. Es como descubrir en una ciudad sus propias ruinas y el motor que la lleva a la aniquilación.

© Herederos de Pablo E. Chacón/Télam

Foto: s/d

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